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Tiro de cámara, por Albert Montagut



El titular en La Vanguardia me estremeció. Cuatro fases para culminar el Spotify Camp Nou. En el texto se explicaba con detalle cómo se terminará la tercera gradería, sus acabados y su impermeabilización, sus diferentes fases de apertura y la de los dos anillos de salas VIP.

Habrá tres fases para terminar esa tercera gradería y una cuarta para cubrir el estadio, una vez concluya la temporada 2026-2027.

Según la información del citado diario, el primer equipo dejará de jugar en el Camp Nou, sí o sí, y el club deberá buscar soluciones que pasan por el Johan Cruyff o, si la obra se prolonga, de nuevo Montjuïc.

Si las cosas se complican, el regreso a un estadio definitivo se llevaría a cabo a mediados del curso 2027-28. Catorce años después de que se celebrara el referéndum en el que los socios aprobaron el proyecto Espai Barça. Pocas veces un ejemplo tan sencillo ha servido para escenificar tan bien la pésima gestión que ha sufrido el club durante todos estos años.

Desde 2014 he sostenido la teoría de que la ejecución del Espai Barça iba a ser uno de los retos más importantes de la historia del club, y que debía ser la obsesión de todas las directivas que intervinieran en el proyecto. No ha sido así. Catorce años evidencian una falta de previsión y de control absolutas.

Los socios del Barça no merecen este trato, por mucho que aplaudan y se acomoden una y otra vez a planes cuya materialización jamás se cumple. Es cierto que un proyecto de esta magnitud implica dificultades técnicas, económicas y logísticas inevitables, pero precisamente por ello exigía una planificación y una ejecución mucho más rigurosas de las que se han visto.

El Camp Nou, ya podemos afirmarlo, no será ni mucho menos el mejor estadio del mundo. Tendrá una gran capacidad —105.000 espectadores—, pero su incomodidad, si no se remedia, está garantizada.

El tiro de cámara, la imagen que vemos por televisión, ofrece en estos momentos elementos muy preocupantes. La galería del Gol Sur ocupa gran parte de la imagen cuando el juego se desarrolla en aquella zona. Los mejores estadios ocultan sus galerías a las cámaras y ofrecen a ambos lados del campo unos córneres repletos de espectadores.

La distribución de los bloques de asientos en la primera gradería lateral no es rectilínea y presenta un extraño estrechamiento en sus filas más bajas, lo que genera una imagen de desequilibrio muy distorsionante para el espectador televisivo.

Los techos en algunas zonas son de 1,80 metros y ya están señalizados con unos llamativos plásticos amarillos con trazas negras para advertir de su escasa altura. Y serán permanentes. ¿Tendrán para siempre los pasillos de la primera gradería esa apariencia?

Las butacas no tienen espacio suficiente entre filas, y el contacto físico con los vecinos de asiento ya resulta incómodo.

El regreso definitivo planteará también un panorama difícil para la directiva: la insatisfacción por los acabados y las nuevas ubicaciones. Solo en la tribuna, miles de abonados serán desplazados por las filas VIP, y en el Lateral, muchas filas de la segunda gradería han sido suprimidas. ¿Dónde se ubicará a esos abonados?

Y hay muchos más detalles que el tiro de cámara no mostrará, pero que partido a partido causarán malestar entre socios y abonados. Veremos en qué acaba todo este proyecto, que marcará no sólo la presidencia de Joan Laporta -mucho más que cualquier logro deportivo- sino el futuro inmediato de la entidad.



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