La maternidad que nace del corazón: un acto de amor que cambia vidas en el Día de la Madre | ntpe | Sociedad

- La adopción en Perú es baja, con 174 casos en 2025 y muchos niños aún en espera.
- Karin Tavares y Katia Balladares comparten sus experiencias positivas como madres adoptivas.
- El proceso de adopción ha mejorado, pero aún hay barreras sociales que dificultan su aceptación.
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La maternidad no siempre nace de la sangre; muchas veces nace del encuentro, la espera y el amor elegido. En Perú, cada año, las cifras de adopciones registradas por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) no superan las 200, lo que evidencia que cientos de menores continúan esperando ser elegidos por una familia. Aunque el número de acogimientos ha tendido a aumentar, aún no es suficiente. En 2022, el número de niños, niñas y adolescentes que encontraron un hogar fue de 122; en 2023, de 137; en 2024, la cifra subió a 149 y, en 2025, alcanzó los 174. Según Ángela Sotelo Sung, directora de la Dirección de Adopciones, uno de los principales motivos de esta problemática es la indecisión de muchas parejas, que idealizan a sus hijos.
Sin embargo, los testimonios de mujeres que han logrado concretar una adopción y que tomaron esa decisión desde el principio ofrecen una visión diferente de lo que implica esta acción. Karin Tavares es madre de dos hijas adoptivas, Mariana (16 años) y María Luisa (13 años), quienes llegaron a su vida por su propia convicción de cambiarles la vida y ofrecerles un hogar. «No lo hice por infertilidad, ni por pérdidas, ni por ninguna de esas razones, adopté por una decisión personal», declaró a La República tras revelar que está a punto de concretar su tercera adopción.
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Por su parte, Katia Balladares, madre de Daniel (9), demostró con su historia que el amor no tiene ADN. Ella adoptó a su hijo cuando él tenía apenas 1 año y 8 meses. Desde entonces, la crianza ha sido un proceso que ella y su esposo han enfrentado diariamente. «El regalo que tengo es la risa de mi hijo, sus ocurrencias, la forma en que me responde, cómo me mira y cómo se está esforzando ahora para darme un regalito por el Día de la Madre», dijo emocionada.
Adopción especial: cambiar la vida de un niño
En cada adopción hay dos historias que se transforman para siempre: la de un menor que espera y la de una madre que decide abrazarlo. Los tipos de acogimiento son el regular, para menores de 6 años, y el especial, que incluye a niños mayores de 6 años, grupos de hermanos y adolescentes con discapacidad, según indicó Ángela Sotelo Sung.

Karin Tavares decidió ser madre adoptiva a los 26 años. Desde entonces, su vida dio un giro radical enfocándose en el bienestar de sus hijas.
Además, el número de niños en lista de espera en la categoría especial suele ser mucho mayor que en la regular. A nivel nacional, hay alrededor de 314 menores con resolución judicial de desprotección familiar, quienes esperan tener una nueva oportunidad a través de la adopción, según las cifras proporcionadas por la directora Sotelo. A pesar de este panorama, la convicción de Karin Tavares para adoptar siempre fue clara. Ella, que maneja un emprendimiento desde su hogar, encontró su propósito y amor incondicional en la adopción especial de Mariana.
En una conversación con nuestro medio, Tavares abrió su corazón y compartió detalles sobre su primera hija adoptiva, quien llegó a su vida a los 6 años, con múltiples condiciones, e incluso no podía articular casi ninguna palabra. «Me la entregaron con un vocabulario mínimo, no hablaba y casi todo eran monosílabos», contó sobre los diagnósticos que recibió su primera hija.

Ambas hijas de Karin la apoyan en el emprendimiento que maneja desde casa. Su amor de madre ha permitido que Mariana y María Luis tengan una segunda oportunidad en la vida.
Gracias a los cuidados y el apoyo de Karin, Mariana ha avanzado significativamente en sus tratamientos, algo que probablemente no habría logrado en un centro de adopción, donde hay muchos otros niños en situaciones similares. «Con el paso de los años, ha recibido la medicación y las terapias correctas gracias a una mamá que está dedicada a ella. Ahora tiene una mejor calidad de vida», subrayó sobre el apoyo psicológico y moral que le ha brindado a su hija, quien actualmente es el brazo derecho de su negocio.
Karin considera egoísta la idea de tener un hijo biológico cuando hay tantos niños en situación de desprotección familiar. Por eso, después de compartir su vida con Mariana, decidió ser madre nuevamente con María Luisa, quien llegó a su hogar a los 11 años, porque adoptar no reemplaza una historia, sino que construye una nueva oportunidad para vivirla. «Con mis hijas, he visto cómo les cambiamos la vida. ¿Qué hubiera sido de ellas si no lo hubiese hecho?», sostuvo. En este contexto, Karin narra que María Luisa es una niña decidida a vivir el presente y forjar un nuevo futuro junto a su nueva familia, dejando atrás un pasado marcado por la violencia.
Tavares sostiene que es sumamente complicado que los padres adopten a menores con discapacidad o que no sean bebés, ya que suelen idealizarlos. Cuando el niño no cumple con esas expectativas, abandonan el proceso. Sin embargo, a pesar de las dificultades que María Luisa ha enfrentado, su madre ha demostrado que el amor incondicional ha sido fundamental para que ella se reintegre en su nueva familia.
Un acto de amor por elección
Katia Balladares, madre adoptiva de Daniel, a quien llama cariñosamente “Dani”, ha mostrado que hay mamás que esperan 9 meses, pero otras esperan años, ambas con el mismo amor. Su hijo llegó a su vida en un contexto de incertidumbre, pues junto a su esposo no podían concebir. Incluso, ambos se habían resignado a no tener hijos. Sin embargo, la idea de adoptar surgió gracias a una recomendación, que acogieron, y hasta hoy no se han arrepentido de esa decisión.
«Al principio fue doloroso, pero lo asimilamos rápido. Lloramos lo que teníamos que llorar y entendimos lo que teníamos que entender. Pero por cosas del destino, nos encontramos con una amiga que nos contó su proceso de adopción. Fue un ángel que me habló», relató. Después de eso, la pareja comenzó a investigar e involucrarse en lo que implicaba acoger a un menor a través de los talleres ofrecidos por el Centro de Adopción.

Katia Balladares y su esposo Oscar Valencia junto al pequeño Daniel, quien está próximo a cumplir 10 años.
Balladares relató que la espera para la adopción fue silenciosa. «Fue alrededor de un año que tuve que esperar y seis meses más para prepararnos y conocernos con Daniel», comentó. Ella considera que el proceso fue llevadero junto a su esposo y otras 15 parejas, que también esperaban superar la primera fase de selección. «Es como un examen de admisión para ser padres», enfatizó. Tras este proceso, ambos recibieron la noticia de que eran aptos para adoptar e ingresaron a la lista de espera. «Pasamos por exámenes psicológicos, médicos, psicotécnicos y todo tipo de trámites. Evaluaron el lugar al que llegaría el niño y cómo lo íbamos a cuidar», agregó.

Para Katia, no existe mejor regalo que ver diariamente la sonrisa de su hijo, quien le cambió la vida desde que llegó a su hogar.
A pesar de todas las evaluaciones, Katia subrayó que su prioridad siempre fue Daniel, a quien estaba dispuesta a acoger para formar una familia. «Tu corazón quiere ser madre y que el niño llegue a tu hogar. Para nosotros fue una preparación larga, pero también lo prepararon a él, que ya tenía un espacio en el albergue», afirmó. Además, destacó que tuvo que adaptarse a la rutina que su hijo adoptivo seguía en el albergue. «Fue complicado porque de la noche a la mañana ya fui mamá. Tuve que seguir rutinas, aprender a cambiar pañales, un mundo distinto al que tuve que adaptarme», precisó.
Balladares resaltó que el albergue le asignó una psicóloga durante el primer año, quien atendió cualquier necesidad de la madre. «El acompañamiento es básico para saber responderle a mi hijo», afirmó, y destacó que la verdadera maternidad florece en los cuidados diarios, en las noches de desvelo y en el amor que acompaña toda la vida.
El proceso para la adopción
La directora Ángela Sotelo explicó que cada adopción exitosa representa una segunda oportunidad para un niño y el inicio de un sueño cumplido para una familia. Además, el proceso para adoptar se ha agilizado en los últimos años con el fin de que más menores obtengan una segunda oportunidad. «Es un proceso más rápido y seguro, con plazos establecidos tanto para las familias adoptantes como para los niños en situación de desprotección», señaló.
De acuerdo con el MIMP, la adopción regular pasó de 149 a 174 casos, lo que representa un aumento del 17%. Asimismo, las adopciones especiales aumentaron de 74 a 82 casos, equivalente a un incremento del 11%.
Sin embargo, Sotelo aseguró que no todos los menores están en condición de adoptabilidad, lo cual debe ser resuelto por el Poder Judicial antes de establecer la situación jurídica de un niño o adolescente. Una vez que el niño está en lista de espera, los padres deben pasar por cinco sesiones presenciales, donde reciben toda la información necesaria y se evalúa si están aptos para formar una nueva familia. Este proceso puede durar entre 6 y 12 meses, dependiendo del caso.
Por tal motivo, durante este mes de mayo, 20 cortes superiores priorizarán los procesos vinculados con la declaración de desprotección familiar, la extinción de la patria potestad y la adoptabilidad consentida, con la finalidad de agilizar los procesos.
Aunque la tendencia de las adopciones ha aumentado ligeramente, aún persisten brechas en la ciudadanía para atreverse a adoptar. «Depende mucho de las familias aceptar todas las historias y contar con los recursos para ayudar a estos niños a superar los problemas emocionales», afirmó sobre este compromiso que trasciende el vínculo de sangre.
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