Cuando los reflectores se han apagado hay un efecto que se produce al sabor de la derrota; cada retorno al hotel de concentración se vuelve silencioso abrazado a la soledad, alejado del bullicio o sobresalto de las multitudes al calor de los triunfos.
Es la historia después del juego ante México el domingo anterior en el NRG de Houston, en la que la victoria dio la espalda al equipo nacional de Honduras.

Después de la conferencia de prensa y zona mixta con jugadores y cuerpo técnico el trayecto inclusive hacia el autobús, se volvió todavía más silencioso y en ese silencio podía verse en la expresión de los jugadores la sensibilidad y análisis de lo que fue y pudo haber sido en esos pasados 90 minutos.
A pesar que el autobús fue escoltado con la motorizada del condado haciendo más rápido el retorno, las condiciones del ambiente fueron las mismas, no hubo platica, música solo reflexión a la luz de los dispositivos móviles con frases de apoyo de parte de los familiares y cercanos del plantel hondureño.
Pero cuando todos pensaron que la historia al llegar al hotel de concentración sería la misma, una voz firme, segura y con tono optimista se dejó escuchar “Vamos Honduras, la Copa no ha terminado, vamos Honduras, el torneo sigue, vamos a levantar cabeza, vamos Diego” era la voz de un solitario aficionado que se apostaba en la misma puerta donde descendían de la unidad de transporte jugadores y cuerpo técnico.

Efectivamente una sola voz que representaba a todos aquellos que decidieron creer en el equipo de todos “Vamos Elis, todavía tenemos un camino que recorrer, vamos “Buba” no vamos a agachar la cabeza, Vamos Pinto, vamos a luchar hasta el final” el aficionado solo tomaba aire en sus pulmones para lanzar una nueva arenga, pues no había duda que conocía a la delegación nombre por nombre.
Llegó desde Atlanta para suspirar por su selección, sin reservas y luciendo la camisa de la “H” en su pecho, su nombre Jenner, el hombre que con su grito de apoyo contagió a otros hondureños que poco a poco se fueron acercando para también alentar a su selección.
Después de una voz solitaria, un grito por Honduras, Honduras se escuchaba en esa calle del hotel, las palmas fueron tan sonoras que retumbaban en todo Houston.
Seguramente esa voz hondureña dará lectura a lo que hoy se escribe en @fenafuthorg, y le decimos gracias Jenner, un gesto que no se olvida, un gesto que los jugadores de nuestra selección guardarán para siempre, pues en ese momento de soledad colectiva, es la voz de un aficionado que en todo tiempo está con su selección y logró con ese corazón hacer una conexión genuina y de corazón con el equipo de todos. Seguro hay reflexión, también un autoanálisis en nuestra selección, pero ese apoyo de cuando menos lo esperas seguros estamos que nunca lo olvidarán.
