Craviotto, Navarro y Aranburu: una charla entre milésimas, tiburones y una montaña rusa

Saúl Craviotto, Aymar Navarro y Aritz Aranburu se citan en MARCA. Tres deportistas de tres modalidades diferentes, pero con mucho puntos en común. La charla es distendida, trufada de recuerdos y anécdotas, y con el tiempo como gran protagonista.
Saúl Craviotto
No quiero pensar en Los Ángeles, ahora mismo me planteo ir año a año
- Saúl, una medalla olímpica se gana o se pierde por centésimas. Esto tiene algo de injusto y poético a la vez, ¿no?
- S. CRAVIOTTO. Forma parte del deporte. Antes de salir sabes a lo que te expones y que vas a entrar en meta y vas a mirar a izquierda y derecha y no vas a tener clara tu posición porque es todo por milésimas. Y hasta que no pasa incluso un rato y ves el marcador con la foto finish, no te das cuenta de cuál es tu posición. Nos pasó en París. En los últimos 50 metros íbamos en oro y 50 después sacamos bronce. Al final estamos cuatro años intentando bajar esas milésimas. Estar en 1:20 lo haces, pero bajar a 1:19 y medio, o sea bajar ese medio segundo, requiere años de esfuerzo, sacrificio, tecnología, innovación, investigación, trabajo en equipo…
- Aymar, ¿un buen reloj te puede salvar la vida en la montaña?
- A. NAVARRO. Sin duda. Dependes, como comentaba anteriormente, de la hora, de localizaciones… En la montaña siempre tienes que estar pendiente de un estudio previo de las condiciones, de cuándo va subir la temperatura, a qué hora entra la tormenta… para adaptar y planificar las actividades.
- P. Aritz, ¿cómo valora la experiencia olímpica del surf en Tahití?
- A. ARANBURU. El hecho de estar ahí compartiendo con la siguiente generación mis conocimientos de una ola que me ha dado mis mejores resultados durante mi carrera profesional, fue algo muy especial. Y luego, tuvimos tiempo, una vez terminada la competición, de ir a París y vivir allí la experiencia en la villa con los demás deportistas. El surf es un mundo muy pequeñito. Y llegas a los Juegos y te das cuenta de que el surf fue parte de una cosa mucho más grande.
- Al final, ¿aceptó bien la comunidad surfera de Tahití la disputa de los Juegos?
- Previamente sí que hubo un poco de tensión porque el pueblo quería que Teahupo’o, que es una localidad pesquera humilde, siguiese siendo Teahupo’o después de las Juegos. Es un santuario, un lugar precioso donde protegerlo es algo muy importante. Y yo creo que al final es una cosa que se ha conseguido, el pueblo estuvo bastante integrado a los Juegos y se quedaron con un recuerdo positivo. Estuvo bien que se manifestaran de esa manera para decir: ‘Venís a nuestro pueblo, cuidar nuestra cultura, nuestras aficiones y que todo siga igual de bonito’.
Aritz Aranburu
He tenido algún que otro encuentro con un tiburón; la teoría dice que lo mejor es es hacer grupo pero en la práctica, cada uno sale por su lado
- La alemana Birgit Fischer fue oro y plata en Atenas 2004 con 42 años, sólo un año menos de los que usted tendría en Los Angeles 2028. ¿Qué le dice este dato a Saúl Craviotto?
- La palabra solo ya a partir de los 40… cada año suma [se ríe] Hay muchos casos. Sin ir más lejos, el de mi rival por excelencia, el alemán Ronald Rauhe con el que llevo peleando y luchando desde Pekín, Londres, Río, todo, toda mi carrera deportiva. Al final no es tanto el aspecto físico, es más, casi el mental. No me atrevo a anunciar nada, no lo tengo claro del todo. Acabo de aterrizar de París, encima con éxito, habiendo conseguido la medalla. Estoy en un proceso en el que Saúl ya piensa a medio y corto plazo. Me planteo, este año tomármelo con calma, hacer otras cosas que el año pasado no pude hacer como pasar más tiempo en casa con la familia. Me voy planteando ir un poco año a año. Luego a lo mejor me planto en mitad del ciclo olímpico y digo ya que estamos, venga dos años más y vamos a por Los Ángeles y remato la jugada y pero sí que es verdad que la luz al final del túnel ya la estoy viendo. No voy a estar toda la vida con el deporte de élite porque al final estoy con gente muy joven, chavales de veintipocos años que ya me están apretando las tuercas. Ellos al final tiran para arriba y yo, como mucho puedo mantenerme. Si me mantengo siendo medallista olímpico, ni tan mal, pero vamos a ir paso a paso y no quiero pensar en Los Ángeles ahora mismo.
- Aymar, más allá de en la avalancha de 2013, ¿en qué momento el tiempo se detuvo cuando practicaba freeride?
- Se me para cada día tanto para lo positivo como para lo negativo. Hay momentos de estar flotando, disfrutando de los amigos… por eso es tan bonito el deporte que hacemos. Estar en ese momento sin hacer nada, arriba en la cresta antes de bajar que ni escuchas, estás en una burbuja concentrado solo en tu bajada, donde tiene que ir cada giro, que todo esté en su sitio y te encuentras bien y ya vuelves a conectar. El tiempo se apaga, se para en cada bajada.
- En el surf pueden pasar muchos minutos en la tabla entre una ola y otra. ¿En qué piensa un surfista durante ese tiempo?
- A. ARANBURU. Siempre me he centrado mucho en creer en las habilidades que tengo para el momento en el que llegue esa ola. Estoy haciendo una lectura del mar y puedo creer que esa ola puede venir en un lugar o en otro, más o menos, pero lo importante es tener esa paciencia y mantenerte frío, estar preparado para el momento que venga y sacar mi mejor versión.
- Aymar, a usted también le pasa eso de espera una ventana de buen tiempo en sus expediciones.
- A. NAVARRO. Es una montaña rusa. Hay días que lo llevas bien y hay días que lo llevas menos bien, sobre todo lo que me enseñó la última expedición de Nepal fue a ser paciente, a esperar a que tu cuerpo se adapte a la altura porque si fuera por ti, cogerías y subirías para arriba. Es ese juego de saber jugar con tu ansiedad, de saberla calmar y estar a la espera de cuando haya la ventana de buen tiempo, estar cien por cien preparado para dar el máximo.
- Saúl, con tres niñas aún pequeñas no le debe quedar mucho tiempo libre. ¿Cómo lo gestiona?
- S. CRAVIOTTO. Entreno de lunes a sábado, en periodos de carga, son unas 6 horas de entrenamiento, que eso no significa horas en la ‘oficina’ porque yo salgo de casa a las 8:30 de la mañana y llego a las 7 de la tarde. Lo que me pide el cuerpo es tirarme en el sofá, pero tengo tres terremotos que me dicen: ‘papá, vamos a hacer un puzzle, vamos a colorear…’. Son mi combustible, mi inspiración. Todo gira en torno a ellas y al final llego a casa y aunque esté reventado sacas de donde no hay para pasar tiempo con ellas. Además, tengo viajes con eventos, compromisos… Con mi entrenador, mi mujer, mi agencia de comunicación, entre todos lo enlazamo y no sé cómo hacemos pero todo al final acaba yendo para adelante.
- P. Aymar, ¿soñó alguna vez con ir a los Juegos?
- A. NAVARRO. Sí, cuando competía en esquí alpino, pero esa etapa se acabó. Es verdad que el Freeride World Tour está siguiendo los paso del surf. Ha entrado dentro de la Federación Internacional de Esquí y se intentará que en 2030 sea olímpico. Ojalá hubiera sido 10 años atrás esta oportunidad y poder ir a unos Juegos y representar a mi país, pero bueno, si no es como competidor intentaré estar integrado dentro del equipo y ayudar a los más jóvenes para que lleguen ahí.
Aymar Navarro
No me gustaría que unos Juegos Olímpicos de Invierno en España destrozaran la magia de una montaña o un valle
- Aritz, ¿ha tenido surfeando algún encuentro con un tiburón?
- A. ARANBURU. Cuando pasas tanto tiempo en el mar pues están los seres que viven en él. Nosotros somos unos invitados. Y sí, he tenido encontronazos con tiburones en Sudáfrica. En Australia tocó una vez un tiburón blanco y vimos una aleta que sobresalía de la superficie del agua en plan bastante potente. La teoría dice que lo mejor es, si hay varios surfistas, hacer grupo porque así un tiburón te ve como algo más grande, pero normalmente en la práctica, cada uno sale por su lado. Son animales que impresionan muchísimo, pero son preciosos al mismo tiempo. Si tienes la suerte de poder verlo antes y salir, pues mejor.
- Saúl, ¿qué balance hace de su 2024?
- S. CRAVIOTTO. Muy positivo. Cuando compites como lo hicimos en los Juegos, yo sólo siento orgullo por mis compañeros. No fallamos. Salimos como teníamos que salir, con mucha valentía que era la única forma de sacar medalla. E incluso le dimos una vuelta de tuerca. Estoy orgulloso y, sobre todo, feliz de haber visto la grada roja completamente. Estaban mis padres, hermanas, sobrinos, vecinos, había papás del cole de mis hijas. Y lo más especial para mí, que estaban mis hijas que es la primera vez que han visto a su padre competir. Ver a unas niñas de 6 años y de 9 años llorar de emoción es raro. Espero que no se les olvide nunca eso.
- Aymar, ¿qué nueva aventura o proyecto tiene en mente?
- Esquiar [se ríe]. Estoy en modo exploración, salirnos ya de de lo que es cerca de las estaciones de esquí y ampliar un poco más el territorio, a ir a zonas donde nunca se haya esquiado, que sean primeros ascensos y descensos, buscar zonas exóticas donde no sea normal esquiar o escalar. Mi motivación ahora está en eso. Al final no es sólo ir y escalar o esquiar. Es mucho trabajo previo de de entrenamiento, de preparar los proyectos, encontrar el apoyo para poderlos llevar adelante, que eso es lo más difícil para un deportistas: las horas que pasamos también detrás de la pantalla para que todos esos vídeos que salen para adelante sean realidad.
- Aritz, ¿cuál es su ola favorita?
- A. ARANBURU. Es difícil responder con una. Mundaka para mí ha sido una de las más importantes en mi carrera. Desde que era pequeñito siempre escuchaba historias a los mayores que solían ir a surfearla, de lo fuerte que era y crecí sabiendo que para ser un buen surfista tenía que dominar esa ola. Empecé a ir de pequeñito, pasando mucho miedo al principio e intenté dominarla de la mejor manera posible. El surfista que soy hoy es gracias a esa ola, porque el tubo de espaldas de Mundaka, pues al final es muy sonado internacionalmente.
Aritz Aranburu, Aymar Navarro y Saúl Craviotto, en MARCA.
- ¿A Saúl Craviotto cómo le gustaría que fuera recordado dentro de la historia del deporte español?
- S. CRAVIOTTO. No lo he pensado mucho. Espero que mi legado sea que cuando piensen en Saúl Craviotto dentro de unos años que vean a un tío que se dejó la vida en esto, que fue constante, luchador, una persona que tuvo claros sus objetivos . Son los valores que son necesarios en la sociedad y que van en el ADN de un deportista.
- Aymar, ¿se necesitan unos Juegos de Invierno en España para dar un empujón a estos deportes?
- A. NAVARRO. Es un empujón siempre que se sepa llevar bien. A mí no me gustaría que unos Juegos Olímpicos destrozaran la magia de una montaña o de un valle por poner infraestructuras que luego no se van a poder mantener, se van a echar a perder y que sean un cementerio de hierros. Eso es lo que más miedo me da de unos Juegos.
- Artiz, usted fue campeón de Europa en 2007 y el primer español en llegar al World Championship Tour, ¿qué futuro le ve al surf nacional?
- A. ARANBURU. Hay mucho talento ahora mismo y en las siguientes generaciones vienen surfistas muy buenos tanto chicos como chicas. Hasta ahora los surfistas siempre hemos vivido mucho por las marcas que nos patrocinaban y circuitos privados y ahora de repente entran en el Olimpismo. Es al final un cambio bastante potente en el que tanto las instituciones y federaciones se tienen que acostumbrar un poco y los surfistas también. Va a haber una adaptación y habrá que profesionalizar mucho el tema y pero lo más importante es que el surf siga siendo el deporte que siempre ha sido con sus orígenes.
Deportistas e iconos de valores como el esfuerzo y la superación
- Saúl Craviotto, Aymar Navarro y Aritz Aranburu han dado ejemplo, a lo largo de sus trayectorias deportivas, de que nunca hay que rendirse y siempre seguir adelante. Unos valores que entroncan con los de Seiko Prospex, la colección más deportiva de Seiko creada para los amantes de la aventura. Los tres deportistas son ‘Prospex Friends’, embajadores de la firma japonesa que, con el lema ‘Keep Going Foward’ (‘sigue adelante’), pretende trasladar un mensaje de esfuerzo y superación.
Craviotto, campeón olímpico; Navarro, pionero del esquí freeride y Aranburu, ícono del surf; inspiran a deportistas y aventureros a desafiar sus propios límites.
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