La Real Sociedad ofreció en Zubieta su mejor versión de la pretemporada y dio síntomas claros de avance. El equipo de Sergio Francisco dominó a Osasuna con una propuesta reconocible y un ritmo de juego que por momentos superó con claridad al rival. El primer tiempo fue algo espeso, pero bastó con que Kubo acelerara para romper el partido. Su gol, justo antes del descanso, cambió el tono del encuentro. La Real fue de menos a más, como si necesitara esos minutos iniciales para coger temperatura. Una vez lo hizo, arrasó. Con balón, el equipo se mostró más fluido, y sin él, mejor posicionado. Gorrotxategi volvió a dejar buenos detalles en salida. 

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El segundo tiempo confirmó la evolución. La Real regresó de vestuarios con la misma idea pero más precisión. La combinación Kubo-Karrikaburu funcionó y el equipo mostró automatismos trabajados: presión tras pérdida, recuperación alta y transiciones limpias. Luego llegaron los cambios, diez de golpe, y lo más positivo fue que el rendimiento no decayó. Turrientes, Urko, Goti  Sucic mantuvieron el nivel. El 4-0, tras una buena jugada colectiva, fue prueba de que los que fueron suplentes también tiene argumentos. El tanto de Osasuna, tras un rebote, y la roja a Pacheco no emborronan un día con muchas lecturas positivas.

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A falta de dos semanas y media para el inicio liguero en Mestalla, la Real empieza a carburar. La competencia interna es real, la idea empieza a consolidarse y varias piezas parecen encajar. Kubo es diferencial, Gorrotxategi gana jerarquía y el equipo muestra alternativas. Es pronto para sacar conclusiones, pero este partido deja algo más que buenas sensaciones: transmite que el grupo quiere competir ya. La Real está lejos de su techo, pero también, cada vez más cerca de su punto de partida ideal.