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Van Aert vuelve a negar la gloria a Pogacar en una París-Roubaix caótica repleta de incidentes



La París-Roubaix es una carrera distinta, dura, incierta y en la que la ley del pavé acaba teniendo un peso muy importante en el desarrollo de la carrera. Y así ha sido en la 123ª edición de la reina de las clásicas, disputada sobre un total de 258, 3 kilómetros, con 54,8 adoquinados repartidos en 30 sectores. Una carrera que se la conoce como el ‘Infierno del Norte’, al que los ciclistas con menos suerte caen de forma irremediable y que sólo unos pocos logran surfear.


En una edición en la que por fortuna, especialmente para el cuerpo delicado de los ciclistas, la lluvia no ha hecho acto de presencia, la madre de todas las carreras ciclistas se ha disputado sobre un piso seco y polvoriento, sobre el que la carrera podría decirse que ha sido una carrera de obstáculos que los corredores han tenido que ir sorteando. Las desgracias, los pinchazos, han castigado a todos los favoritos. A todos menos a uno. Al belga Wout Van Aert, un ciclista excelso, peleado a menudo con el destino y al que persigue la mala fortuna hasta tal punto que alguno le colocaba ya el cartel de perdedor. Craso error. No hay que dudar nunca de los genios.

De los grandes favoritos, el más perjudicado hoy ha sido el neerlandés Mathieu Van der Poel, que buscaba su cuarto triunfo seguido en la París-Roubauix, pero a quien el guion se le empezaba a torcer a 90 kilómetros de meta, cuando sufría un pinchazo. Tenía que cambiar hasta tres veces de bici y pasaba a perder algo más de dos minutos con el grupo de los notables.

Ganna, Pogacar o Pedersen también fueron víctima del infortunio y cada uno fue esquivando las balas como pudo. Van Aert y Pogacar se quedaron solos en cabeza de carrera en el sector 12 entre Auchy-lez-Orchies y Bersée, a 53 kilómetros de la meta. Ambos se entendían bien. Tenían una cita con la historia. Pogacar, sabedor que en el Velodrómo tenía las de perder, trató de forzar a su rival hasta en tres ocasiones, especialmente en uno de los tramos de pavé más delicados, el Carrefour de l’Arbre, pero Van Aert aguantaba bien.

Por detrás, Van der Poel se movió y por momentos el grupo de seis en el que iba se llegó a colocar a 20 segundos de Pogacar y Van Aert, pero al final se le acabó el combustible.

Un sprint para la historia

Van Aert y Pogacar llegaron juntos al Velódromo y en el sprint la explosividad de Wout pudo con un Tadej que de nuevo tuvo que conformarse con ser segundo en su segunda presencia en la carrera, demostrando que, como minimo, tiene una París-Roubaix en sus piernas, pero hoy la gloria era para Van Aert. Todo en la carrera le vino de cara. No podía fallar, y no lo hizo. «Esta victoria era todo par mí, es un objetivo desde 2018. Ha sido uno de los días más duros que recuerdo. Al final he conseguido ganar. Me emocionó mucho llegar hasta aquí con un gran campeón como es Pogacar», decía el corredor del Team Visma-Lease a Bike entre lágrimas junto a su mujer y sus hijos.



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