Gavi, tras el rastro de Eric Garcia

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Gavi ha vuelto. Ya ha dejado atrás la lesión, la recuperación y la introducción progresiva en la competición. Aunque todavía no ha completado un partido entero porque Flick sabe cómo lo ha de cuidar, Gavi está en la fase de reencuentro consigo mismo. Poco a poco va recuperando su identidad futbolística, aunque todavía tiene camino por recorrer, algo lógico tras su calvario con las lesiones.
El miedo, si conoce el significado de esa palabra, ha desaparecido por completo. Su intensidad competitiva es innegociable, tanto como su mentalidad ambiciosa. Todo lo acompaña de una responsabilidad inmensa, injustamente ignorada quizás por su espíritu desinhibido, en el juego con balón. Es la asignatura donde debe progresar más, aumentar los riesgos, conectar con la profundidad, pero todo a su tiempo. Mientras tanto, a pesar de la falta de ritmo, es alérgico a las pérdidas y encuentra salidas limpias a situaciones comprometidas bajo presión.
Ahora cuesta imaginar dónde se puede hacer hueco en el futuro para tener continuidad con un rol importante en la plantilla, pero se trata de nuestra mirada rígida. Eric marca un camino ideal para Gavi. Flick valora especialmente los perfiles que le dan múltiples soluciones, como ya ha demostrado con el defensa, hasta el punto de convertirlos en jugadores de cabecera. Con el volante puede pasar lo mismo. Está entendiendo perfectamente las obligaciones del mediocentro, su posición original parecía la segunda altura del interior y el técnico agradece su energía en la primera presión como media punta o falso extremo izquierdo. Si Eric puede jugar en cualquier función defensiva, incluida la de mediocentro, Gavi significa lo mismo en el mediocampo, incluso como cuarto centrocampista.
Son los “suplentes titulares” que acaban jugando casi todos los partidos, 44 de 53 en el once inicial en el caso del defensa. No les ves hueco hasta que se infiltran silenciosamente cuando hay algún accidente o alguien baja el nivel porque ellos no negocian su regularidad y fiabilidad. Son garantías de buena nota por compromiso, concentración y comprensión del juego, más allá de la posición que ocupen. Gavi también es una figura estructural innegociable para Flick.
Los domadores de los excesos
Todavía impresionados por la fiesta del fútbol organizada por el PSG y el Bayern, ya esperamos el segundo capítulo el miércoles en Múnich. La naturaleza de ambos equipos y las convicciones de sus técnicos garantizan ataque, verticalidad, valentía y vulnerabilidad defensiva. Todo vehiculado en un plan que no permite otra cosa, duelos individuales por todo el campo para recuperar el balón o progresar con él. Defender y atacar hacia adelante, con sólo un elemento para poner pausas, dominar fases del juego y permitir descansos. El talento y lectura del juego de Vitinha y Kimmich intentan dar sentido a la exuberancia. Quieren ordenar al equipo a través del balón para seleccionar el momento adecuado para ser afilado. Sólo dos escogidos pueden domar a dos bestias tan atractivamente salvajes.








