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un cuarto de siglo de la mayor traición al Barça


Realmente, si a un barcelonista se le pregunta por una traición, a su cabeza acude una por encima de todas. El mismísimo Samitier, Schuster o Laudrup forman parte de una lista de jugadores que cambiaron el Barcelona por el Madrid. Pero ninguno como Luis Figo, cuya fuga, con sendos fines de ciclo presidencial en el Barça y el Madrid, cláusulas liberatorias imposibles, un representante codicioso y favores políticos, cumple justo un cuarto de siglo.

Arrancó todo el 13 de mayo de 2000. Aquel día, un sábado, Mundo Deportivo informó de la decisión de Josep Lluís Núñez de dejar la presidencia del Barcelona. Unos días antes, el equipo de Van Gaal había sido eliminado de la Champions en semifinales por el Valencia, con la Liga imposible y la Copa perdida por incomparecencia.

Todo aquel cóctel, junto con las declaraciones de los capitanes tras el partido ante el Valencia reclamando “decisiones” al presidente, fue la gota que colmó el vaso de la decisión de Núñez de dar por acabada su presidencia de 22 años.

A Figo le faltó tiempo para reaccionar. Sabedor de que un clima electoral era el caldo de cultivo perfecto para sacar tajada, fue a ver a su representante, José Veiga, con un mensaje claro: “Consígueme más dinero”. Núñez no se mostró dispuesto a mejorar otra vez el contrato de Figo. Quería más y era lícito, pero no dudó en obviar la ética.

Típico de Luis

Todos en el Barça conocían bien al luso. Conviene recordar su llegada. Se convirtió en azulgrana porque, estando en el Sporting de Lisboa, había firmado por el Parma y por la Juventus a la vez. En la duplicidad de contratos, fue castigado con dos ejercicios sin poder jugar en Italia. Apareció el Barça y se lo llevó en la temporada 95-96.

Rebasados sus dos primeros años de contrato, llegó el segundo episodio que le retrata: tras cumplir su castigo, en 1997, el luso llegó a un acuerdo para irse al Milan. El Inter ya se había llevado a Ronaldo y Núñez hizo un esfuerzo para retenerlo. Fue cuando el ex presidente explicó que “miré a Figo a los ojos y observé que no se quería ir”. O sea, que le pagó el oro y el moro.

Joan Gapsart ganó las elecciones del Barça el 23 de julio de 2000 la víspera de ver a Luis Figo de blanco

Joan Gaspart ganó las elecciones del Barça el 23 de julio de 2000 la víspera de ver a Luis Figo de blanco

MD

A Figo y también al Milan, porque el club lombardo, para olvidar el acuerdo con el jugador, ‘coló’ al Barça los traspasos de Reiziger, de Dugarry, del fino estilista Bogarde y, un año más tarde, de Kluivert.

Indudablemente, Figo triunfó en el Barça. Lucía el brazalete de capitán y se ganó las mejoras con las que Núñez le recompensó y que él consideraba insuficientes. Llegamos al año 2000. Cuando estalló el Apocalipsis, Veiga se fue a ver a Núñez con la instrucción de Figo. (“Consígueme más dinero”). La respuesta del aún presidente fue tajante: ya le había firmado una segunda mejora no hacía ni un año. Si se volvía a subir el sueldo a Figo, que lo hiciese el nuevo presidente electo.

Decidido a buscar la forma de obedecer a su cliente, Veiga llamó a la puerta del Milan, de la Lazio… y del Madrid. En Chamartín también había elecciones. Veiga, con la ayuda de Paulo Futre, contactó con uno de los candidatos, Florentino Pérez, que compró poder anunciar en medios el fichaje de Figo. El jugador, convencido de que Pérez no derrotaría a Lorenzo Sanz, ganador de la Champions, mintió al diario Sport y se exhibió vestido del Barça cuando había firmado por Pérez.

José Veiga, a la izquierda, era el agente de Luis Figo

José Veiga, a la izquierda, era el agente de Luis Figo

MD

O lo había hecho Veiga, porque según relataron Lluís Canut y Jorge Esteve en su libro ‘Toda la Verdad del Caso Figo’, editado por Mundo Deportivo, la firma se había efectuado sin el consentimiento del futbolista, que no quería dejar el Barça. Pero la cuestión es que se firmó. Pensaban que Pérez iba a perder. Pero Pérez, una semana antes de las elecciones en Can Barça, ganó. No anunció el fichaje hasta el día 24, tras el triunfo de Gaspart.

Remate final

Rota la estrategia de Figo y Veiga, había que buscar una solución. Figo había cobrado 3 millones de euros (500 millones de pesetas) de Pérez y tenía que indemnizarle con 30 (5.000 millones de pesetas) para romper el compromiso. Por eso Pérez había dicho que si Figo no vestía de blanco pagaba todos los abonos del Madrid. El luso pretendía que el Barça pagase esos 30 millones. Gaspart, la misma madrugada del 24 de julio, propuso un plan que Figo no aceptó. Gaspart creía que el contrato entre Figo y el Madrid era ilegal y ofreció al portugués llevarlo a tribunales. Figo exigió un aval bancario por si perdía y no hubo entente.

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A la receta del ‘caso Figo’ hay que añadirle una cucharada grande de ‘club-estado’. El periodista José María García denunció en TVE, en una entrevista censurada, que se hizo un “clamoroso favor político” a Pérez. Según García, Cajamadrid, entidad intervenida por el estado y presidida por Miguel Blesa, amigo de Aznar que fue condenado a seis años de prisión por apropiación indebida, “prestó 60 millones de euros al Madrid con los que se pagó el crédito que le había concedido el Banco Zaragozano para contratar al jugador”, según palabras de García recogidas por el periodista Vicente Ferrer Molina en su libro ‘Historia de un Periodista Irrepetible’. El Madrid pagó el 24 de julio un cheque del Banco Zaragozano de 10.300 millones de pesetas, la cláusula más el IPC y el IVA (que no tenía que pagar pero que pagó y que el Barça jamás devolvió). Poco después, se presentaba, con cara de pocos amigos, al lado de Di Stéfano. Muy adecuado.



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