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Una historia que no se puede contar

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Yo era un preadolescente cuando Gudelj disfrazado de Cachamuiña en una soleada tarde de junio. El bosnio salvó al céltico con un indeleble hat-trick (4-0) contra el Madrid de Suker, MijatovicRaul. Tengo una memoria frágil, pero hazañas como esta duran para siempre. Son historias perdurables porque las vimos en el estadio, donde es más fácil recordarlo todo y el cuento de hadas adquiere un tono heroico. Quizás recuerdes que si lo has visto en la televisión, sí, pero nunca le dirás lo mismo. Esto es lo que ocurrirá esta tarde, en la primera Celta-Real Madrid sin audiencia. Muchos recordarán en unos años lo que sucederá, pero nadie podrá contarlo como se merece, describiendo los colores y olores del momento. Es una historia que nunca se podrá contar.

Dicen que nos acostumbramos a todo, una gran mentira que no se cansan de contarnos. Es imposible acostumbrarse a ver las gradas vacías e inanimadas, con un silencio que nos recuerda la maldita pandemia que debimos atravesar. No sé qué va a pasar esta tarde, si será la mejor batalla celestial vs merengue (lo dudo) o si será un partido ordinario (tampoco nos acostumbramos. Más), pero tengo claro que sin público todo fracasará. Falta la esencia de uno de los clásicos del fútbol español, el aroma del licor de café y el sonido de Rianxeira.

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