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Bara: Flick edulcora a Laporta

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En el mundo del ftbol no hay mayor higienizador que la pelotita entre. El liderato del Bara de Flick, con el pleno de victorias ligueras, tea de rojo las alfombras del Camp Nou y se presentaba como una ocasin nica para que Joan Laporta hiciera gala de ese optimismo patolgico, que es su principal sea de identidad como presidente. El momento elegido para sacar pecho, coincidiendo con el pa

rn liguero, no es casual.
El barcelonismo tena las expectativas bajas, pero el prometedor arranque de su equipo, lo identitario de los nios de la cantera, la credibilidad que provoca un perfil, tan slido como poco estridente, como el del tcnico alemn, mezclado con el comienzo dubitativo del Madrid de

Mbapp

, ha disparado la ilusin y le han dado al presidente argumentos para limpiar su imagen, vender su moto y dar la sensacin de que lo tiene todo controlado.
Cuando se gana, nadie busca debajo de esas alfombras los estertores del caso

Negreira

, que afectan directamente a la credibilidad del club, pero especialmente al presidente, que cuadruplic sus emolumentos; cuando se gana, se puede decir en el mismo discurso algo tan paradjico como «no me gusta lanzar proclamas frvolas» combinado con «estamos ms fuertes que nunca»; cuando se gana, se traga como si tal cosa con la inscripcin tarda de

Dani Olmo

y el encaje de bolillos con la lesin de

Christensen

, que, por cierto, tiene una buena entrevista; cuando se gana, incluso se nos puede tomar por tontos y decir en voz alta: «no estamos en la regla 1-1, porque no hemos querido»; cuando se gana, hay que rerse cuando Laporta declina hablar de

Nico Williams

por respeto al Athletic, despus de aquel «lo intentaremos» del pasado mes de julio; cuando se gana se puede decir que las relaciones con el Madrid estn mal, pero que la Superliga de

Florentino Prez

es el futuro. De todo lo dicho, lo ms creble es la constatacin de que

Deco

est sometido a un desgaste infernal.
Laporta se presenta ahora feliz en ese universo paralelo, su pas de las maravillas. Habr quien le compre el relato. La realidad es que los desperfectos siguen all, pero Flick ha conseguido mitigarlos.

Maradona

dijo aquello de que «la pelota no se mancha». Tena razn, pero, cuando entra, limpia una barbaridad.

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