‘Un último gol. Un homenaje eterno’, por Ángel Pérez

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El último gol de Sergio Lozano en el Palau Blaugrana superó con creces cualquier expectativa. Toda una vida soñando con ver su ‘9’ colgar para siempre en lo alto del Palau y, cuando llegó, el momento no pudo ser más perfecto y merecido. La sonrisa permanente de Sergio se multiplicó hasta el infinito cuando, instantes antes de arrancar el acto, los Dracs comenzaron a entonar el mítico ‘Lozano is on fire’. Y su gesto de felicidad se fue multiplicando a medida que saltó a la pista y vio todo lo que le habían organizado. “No sé qué me harán, pero seguro que será espectacular porque lo está montando gente que me quiere”, confesaba Sergio esta semana a Mundo Deportivo. Y vaya si te quieren, te queremos. Y no es para menos.
El Palau no vivió una retirada más en su historia. El Palau, y todos los que ahí nos dimos cita, le devolvimos a Sergio, aunque en la cuenta aún nos sale a deber, todo el cariño, las buenas palabras, el saber estar, el respeto y la cercanía que ha derrochado a lo largo de los catorce años que ha estado en su casa. Porque el Barça es su casa y siempre lo será. El brillo en sus ojos, su infinita sonrisa y las caras de felicidad de todos los asistentes hacían sentir a quienes estábamos ahí que el homenajeado era alguien muy especial. Alguien que, a cada golpe que la vida le ha dado, él se lo ha devuelto con el doble de fuerza para resurgir, en lo deportivo y en lo personal. Alguien que todo el mundo quiere tener cerca y que en Barcelona ha construido dos familias.
La profesional, formada por la inmensa comunidad del fútbol sala culé, un “rara avis” azulgrana que conserva la naturalidad, la cercanía y en cuyo diccionario no existen los egos y la soberbia, y sí está muy presente el respeto, la modestia, la familiaridad y la humildad. Valores aplicables a todo el Barça de fútbol sala y que definen a Sergio Lozano a la perfección.
Y luego, la familia de sangre. La que forma con Cris y Alejandra, su mujer y su hija, la pequeña, que con una exhibición de gimnasia rítmica en la pista del Palau convirtió al gran Sergio Lozano en el padre de Alejandra. Estaban su madre, su hermana y muchos miembros más de la familia, todos atentos al momento en que se descolgó la lona que cubría su ‘9’ en lo alto del Palau. Al tiempo que caía el trozo de tela negro al suelo, lo hacían también las lágrimas a las que tanto se resistió Sergio durante la celebración.
Todos lloramos y nos emocionamos con él, pero el mayor salto y la explosión de orgullo más grande llegó desde muy de cerca de ese ‘9’ eterno. Llegó desde el cielo, porque su padre seguro que fue el que más gritó de emoción al ver su apellido inscrito para siempre en la historia más gloriosa del FC Barcelona como representación de la carrera legendaria de su hijo.
Gracias, Sergio, por ser como eres, por ser un tipo normal y a la vez excepcional. Eterno.
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