Aviso: Un Madrid con grietas

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Un revés en el juego, en los disparos, en los goles y en el despliegue, tanto física como tácticamente. El Real Madrid jugó mal, o no logró encontrar la vuelta al Villarreal, que caminó por el Bernabéu sin despeinarse. Se movía con tanta naturalidad que nunca dio la impresión de sentirse apresurado, ni por el Madrid, ni por el ambiente del Bernabéu. El público observaba con preocupación cómo se jugaba un partido al ritmo de Parejo, que se movía como si no tuviera rival frente a él. A su alrededor, el Villarreal jugó muy bien hasta el área de Madrid. Allí, se baja el pistón.
El Madrid había entrado en una dinámica de excelentes resultados y más eficaz que el fútbol convincente. La victoria ante el Mallorca no disuadió a nadie de las complicaciones que ha vivido en partidos anteriores. Buen ataque, defensa preocupante y un Benzema fenomenal. En este tipo de situaciones, donde hay errores notables que corregir, una racha ganadora es el mejor remedio para resolver los problemas. Contra el Villarreal, la dinámica fue diferente, por resultado y por rendimiento.
Humanos. Rulli apenas se vio obligado a intervenir. Courtois tampoco fue muy exigente, pero su prodigiosa intervención en el disparo de Danjuma confirmó su autoridad en el gol. El Villarreal se impuso en todos los aspectos menos en el rematador. Ambos equipos fueron más planos de lo esperado en las regiones. Benzema, que se acostumbró a solucionar los problemas del Madrid, hizo un juego humano. Albiol y Pau Torres lo controlaron con tranquilidad y solvencia.
La facilidad del Villarreal para mover el balón en la primera parte fue impresionante. Posesiones larguísimas, sin la menor señal de afán, resueltas con inteligencia y calidad. Parejo marcó el ritmo y el resto del equipo siguió la ola. El Madrid presionó con tan poca intensidad que dejó huecos en todos los ámbitos. El Villarreal siempre ha encontrado un hombre libre para recibir el balón. Le faltaba un colmillo, aunque ambos extremos dejaban marcas notorias. El joven Yeremi Pino, el último en la larga tradición de talentos canarios, se reivindica cada día como un jugador con un excelente futuro.
El Madrid apretó poco y mal en la primera parte. Asensio se quedó en el once inicial, más a la mitad que dentro por la derecha. Rodrygo, cierto. Vinicius, a la izquierda. Uno pasó desapercibido. Vinicius no se rindió y trató de abrirse camino hasta el final. No tuvo éxito. El argentino Juan Foyth dio un recital en el lado derecho de su defensa. Detuvo al rápido brasileño y logró jugar de maravilla, tanto en el pase como en los arranques. Representó a la perfección la naturalidad del Villarreal.
La entrada de Camavinga en la segunda parte añadió un poco más de valor a la presión y al juego del Real Madrid. Sin exceso en ningún caso. Modric finalmente mostró signos de fatiga, en gran parte porque el equipo estaba en desorden. Los jugadores corrieron, pero no llegaron. Modric pagó el esfuerzo. Camavinga, que entró como un guante al equipo, parecía más disperso que versátil esta vez.
La ola final no alcanzó el revuelo que quería el Bernabéu. El Villarreal empezó a pagar el cansancio, pero el Madrid no aprovechó, con Hazard o sin él. Entró tarde, quizás demasiado tarde, a un partido que era más por travesuras individuales que por un ejercicio coral. El Madrid se rompió temprano y no armó las piezas en toda la noche.
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