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Brunson lidera a los Knicks a su mayor remontada ante los Cavaliers



Era una insulsa e infausta noche en la que un mustio y callado Madison Square Garden se disponía a cerrar el telón decepcionado con sus New York Knicks, leyéndose ya los 29 puntos de Donovan Mitchell como desoladores créditos de fin de función mientras los murmullos de los Cleveland Cavaliers -71-93 arriba con 7:48 por jugar-, penetraban el estridente silencio de la Catedral del Baloncesto.

No era más que la calma antes de la tormenta, la triste y necesaria primera parte de la historia que precede todo milagro, el mayor jamás testimoniado en el tempo con el sello del salvador que se bautizó estrella en plena Gran Manzana: Jalen Brunson lideró con 38 puntos a los Knicks a su mayor remontada de la historia en unos playoffs con un brutal parcial de 44-11 con prórroga incluida para entregarles la primera victoria en estas Finales de Conferencia del Este (115-104), una impregnada de historia y romanticismo. Fue también la mayor remontada jamás vista en un último cuarto en unas Finales de Conferencia.

En una noche para acostarse en la ciudad que nunca duerme, a Brunson le quedaban todavía ganas de fiesta. Porque no hay un protagonista sin un antagonista, el escurridizo y astuto base sacó a bailar al torpe James Harden al centro del escenario para invocar su leyenda negra de los playoffs sacar a relucir sus vergüenzas defensivas, más llamativas si cabe calzado en sus zapatillas lampantes: un meneo por aquí y uno por allá, una cintura rota y algún resbalón, víctima la Barba del arrebato de talento de un Brunson que alcanzó esos 38 puntos, hasta 17 de ellos apilados en ese tramo en el que simplemente decidió atacar sin piedad a Harden.

“¿Cómo lo hemos hecho? No tengo respuesta para ello”, decía un Brunson tan exultante de alegría como preso de la incredulidad. “Seguimos luchando, seguimos creyendo, seguimos recortado. Pero ni siquiera tengo una respuesta”, añadía el astro de 29 años, con un 15/29 en tiros de campo y un 1/6 en triples.

En el otro lado de la cancha, la torpeza de Harden se hizo igualmente manifiesta para provocar un colapso devastador en su equipo: la Barba, de 36 años, acumuló un fallo tras otro para sólo sumar tres puntos en ese tramo final para los Cavs entre la recta final y la prórroga. El esperpéntico Harden terminó entregando una pobre hoja estadística con 15 puntos y 3 asistencias con un 5/16 en tiros de campo y un 1/8 en triples, aunque nada tan sangrante como sus 6 pérdidas.

El bajón de la Barba pareció contagiar a un Mitchell que no añadió ningún punto más a sus 29 en ese tramo de desmorone para Cleveland, como si Harden hubiera arrastrado un Spida liberado tras meterse en sus primeras Finales de Conferencia a sus fantasmas del pasado en los playoffs. Inexpresivo como pocos, la culpa carcomía tanto por dentro como sacudir vehementemente la cabeza camino de vestuarios mientras el Presidente de Operaciones de los Cavs Koby Altman intentaba consolarle.

James Harden arruinó con su torpeza e incluso apatía en poco menos de ocho minutos lo que hasta el momento había sido un recital de estrategia y ejecución de los Cavs en una ofuscada noche para los Knicks: Brunson nunca se sintió cómodo y Karl-Anthony Towns removió su pasado en las Finales de Conferencia.

El dominicano, tímido y negado, nunca fue una preocupación para Cleveland en ataque y su doble-doble de 13 puntos y 13 rebotes escondió una actuación mediocre por parte del pívot con 7 pérdidas. Los dobles dígitos del resto de titulares con los 18 puntos de Mikal Bridges y los 13 de Josh Hart y del recién regresado OG Anunoby ayudaron a New York a ganar este partido más que perdido.

Justo el año pasado a estas alturas, los Knicks se veían en el otro bando de un milagro con los incansables Indiana Pacers remontando un déficit de 14 puntos con 2:51 por jugar.

Los Cavs sofocaron el ataque de los Knicks

Un repaso táctico del español Kenny Atkinson hasta el momento

El español Kenny Atkinson dio un baño táctico a Mike Brown hasta que todo resultó tan fácil como pulsar el botón Harden emparejándole en el perímetro con Brunson. Al tiempo que el base encontraba su ritmo, los Cavs perdían el norte en ataque entre los fallos encadenados de la Barba y la dimisión del choque de un Mitchell que apenas pidió el balón en la prórroga.

La noche se acabó quedando de lo más tranquila y apacible para los Knicks dado que el conjunto neoyorquino podrá aprender de sus varios errores sin el coste de ceder una derrota con la que hubieran perdido el factor cancha.

Cleveland contuvo hasta que entró en pánico el ataque dinámico y arrollador de New York de estos playoffs. Con dos una pareja interior versátil y móvil como Evan Mobley y Jarrett Allen, los de Atkinson cambiaron a menudo todo en los bloqueos tanto directos como indirectos para no conceder ninguna ventaja a Brunson y sofocar también la ofensiva que los Knicks articulan en torno a KAT cuando el dominicano distribuye desde el codo.

Mobley aguantó el tipo en las penetraciones de Towns, que tampoco pudo con Mitchell cuando los Knicks buscaron a los Cavs las cosquillas por ahí. La reacción a la insurrección de Brunson por parte de Cleveland fue doblar al base, pero los Knicks encontraron tiros abiertos que no desaprovecharon.

Pero el equipo de Mike Brown también tuvo que hacer ajustes en defensa para forzar el bloqueo ofensivo de unos Cavaliers a los que les habían tendido poco menos que la alfombra roja. Los Knicks se obcecaron hasta el límite de lo absurdo en doblar a Harden en el pick and roll en cualquier punto de la vista y para los Cavs fue tan fácil como jugar la continuación y luego encontrar un tiro libre o mover el balón hasta encontrar la mejor opción para finalizar.

La secuencia se repitió una y otra vez y varios jugadores tras Spida y la Barba registraron dobles dígitos: Evan Mobley (15), Sam Merrill (12), Dean Wade (10) y Jarrett Allen (10).

Los Knicks ajustaron sus coberturas, con el segundo hombre que saltaba a la ayuda recuperando y otro rotando para interceptar el roll. Todo estaba perdido en el Madison Square Garden pero no fue más que un largo preludio a un milagroso desenlace para la historia que ya descansa en las mejores memorias de la Catedral del Baloncesto.



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