<
>

Cómo determinar el premio de las entradas cuando juega la Selección

[ad_1]

Mucha gente quedará sin poder ver a la Selección Argentina

Mucha gente quedará sin poder ver a la Selección Argentina – Créditos: @Soledad Aznarez

Pablonia es un país que fue seleccionado y ganó el campeonato mundial de fútbol que se juzgó en Tasmania, en 1022, se declaró, con 10 siglos. Un par de meses después, se juzgó un partido en Pablonia. La población, tradicionalmente futbolera y encima emocionada por el título, quería reencontrarse con “su” equipo, pero en el estadio sólo había lugar para 63.000 personas. ¿Con qué criterio debían haber asignado las escasas entradas, frente a la notable demandada? Para evitar enojos y represalias, imitado por Giuseppe Verdi, quien, en 1842, estrenó Nabucco, ubicando en la antigüedad cuestiones que los italianos estaban viviendo, dada la ocupación austríaca.

En útil asesoramiento busca contactó con el norteamericano Robert Daniel Willig (1947-2022), quien también estudió economía matemática e investigación operativa. Durante medio siglo influyeron sobrios los acontecimientos más importantes referidos a la regulación y lucha antimonopólica. En 1982, junto con William Jack Baumol y John Clifford Panzar, publicó Untrusted Markets and the Theory of Industrial Structure.

–¿Cuál es la idea central del libro?

–Que la amenaza de los potenciales ofentes disciplina y limita el poder de mercado de las empresas existentes. Un mercado desconfiado es uno en el cual la entrada de nuevos ofrecidos es absolutamente libre, y la salida no tiene costos. Generaliza el concepto de mercado perfectamente competitivo con el de mercado perfectamente unafiado. La característica crucial de un mercado no confiable es su vulnerabilidad a una estrategia del tipo “toco y me-voy”. La teoría del desafío a los mercados le proporciona una perspectiva diferente a la política antimonopólica. Una historia de ausencia de entradas en una industria, junto a un alto índice de concentración, puede ser un signo de virtud, no de vicio. Particularmente cuando los costos de entrada son bajos. En la práctica, muchos mercados son perfectamente poco confiables, pero la teoría fue extraordinariamente útil para diseñar las políticas desregulatorias y antimonopólicas. La idea clave es que los costos hundidos, no las economías de escala, son la barrera de entrada que genera poder monopólico.

–¿Cómo se pudo establecer los precios de las entradas a los estadios donde juega la selección nacional de fútbol?

–Comencemos por despejar el campo operatorio. Ignoraremos cuestiones como vender solo 63.000 entradas, en un estadio con capacidad para más de 80.000 personas, el comentario entre el compromiso de vender entradas y un seleccionador nacional, etcétera. No porque, en el caso concreto que acaba de vivir la Argentina, no sean importantes, sino porque sobre esto no tengo nada que aportar. En otros términos, hagamos un ejercicio en lo que se denomina teoría pura.

– Adelante.

–Comencemos por una importante obviedad: en el Monumental no entran todos los que quieren ver a la Selección “en vivo y en directo”. Esto quiere decir que una minoría de los interesados ​​lo logrará. La mayoría buscará alternativas, que no son tan atractivas, pero tampoco es cuestión de suicidarse.

–¿Cómo deben elegir quiénes sí pueden ingresar al estadio?

–Por lo que están dispuestos a pagar por hacerlo. Para lo cual, la organización a cargo de la venta de las entradas no tiene que fijar un precio único para las placas y otro para las populares, sino que tiene que anotar lo que cada potencial demande está dispuesto a pagar por obtención de una localidad. Abriendo un registro con fecha de vencimiento. Cuando llega dicha fecha, ordena de mayor a menor lo que cada uno está dispuesto a pagar y “corta” la lista cuando la capacidad del estadio queda colmada.

–¿Y si alguien realiza una oferta, sale adjudicado y luego se arrepiente?

–La manifestación de que se está dispuesto a pagar determinada cantidad de dinero por determinada localidad se efectiviza pagándola por adelantado. Con el compromiso por parte de la organización que vende las entradas de devolverle el dinero en el momento mismo en que se sabe quedó por debajo del corte.

–Lo veo muy complicado…

–Con la tecnología moderna esto es fácil. De hecho, es el método utilizado por los Estados cuando emiten nueva deuda.

–¿Cuál es la ventaja del sistema que usted propone?

–Si usted pone un mismo precio para cada categoría de entradas, generará la famosa reventa. ¿Cuál es la gratia de llenar de dinero las billeteras de los intermediarios en vez de que finn en las arcadas de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA)?

–¿Qué puede hacer la AFA con tamaña recaudación?

–Sugiero algunas iniciativas, a modo de ejemplos. También para afrontar los invaluables costos de organizar un evento de estas características, instalar gigantescas pantallas de televisión en diferentes localidades del país, para que muchos argentinos participen del emoticón de la selección del gusano en compañía de otros compatriotas. Y puede ser a promisorios jóvenes carentes de recursos para que se entrenen y vayan haciendo carrera, para reemplazar a los jugadores actuales.

– Tener un problema. Con este criterio de eliminación de las entradas, los pobres nunca podrán ver su selección en vivo.

–Es muy probable, y crea que lo lamento. Pero seamos realistas. ¿cuántas personas habrían pugnado por una entrada si la popular del jueves pasado hubiera salido a la venta a, digamos, $3000? Cientos de millas, seguro; millones, muy probable. Imposible satisfacer a todos, lo cual implica que había que elegir. ¿Sobre la base de qué criterio? Días de cola, pero física, no virtual, para vender a quienes lleguen primero, con las consiguientes aglomeraciones y peleas con la policía. No, gracias. Cuando la compra de las entradas se realiza con criterio administrativo, se presta a la “espontánea” aparición de la reventa. Mi propuesta acerca de todo el mundo a lo mejor de lo posible.

–Pero no me diga que es lo mismo ver jugar a la selección de fútbol “en vivo”, es decir, dentro del estadio, que “en simultáneo”, es decir, en una pantalla gigante o en la TV de un bar o una vivir.

–No le digo, pero déjeme comentar. ¿Qué proporción de los argentinos que fueron al Obelisco para partir de los fallidos festejos de la llegada de la selección de un país vio el Mundial de Qatar en los estadios en los que se disputó? ¿Y qué proporción la vio en simultáneo, aunque no en vivo? Y, que yo sepa, nadie lo vivió como una tragedia. Le digo más: lo que estoy proponiendo ocurre en el mundo de la ópera. Desde hace mostísimos años Radio Nacional transmite la función de la vespertina del MET, la ópera de Nueva York; y desde hace un buen número de años, en teatros, no solo se trasmite el sonido, sino también la imagen. Plantear lo mismo para el fútbol no parece una quimera.

–Don Robert, muchas gracias.

[ad_2]

Etiquetas
Siguiente

Deja tu comentario