las claves de su resurgir

La historia como un honor o la historia más bien como un lastre para frenar el progreso con ese permanente peso del escudo, ese permanente atadura a esa traicionera nostalgia de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es por lo que los New York Knicks han pasado durante cerca de tres décadas, afanándose por estar a la altura de un prestigio que se ha acabado volviendo en su contra, tornándose ese estatus en una agobiante presión traducida en precipitadas decisiones y falta de dirección y una prolongada ausencia en las Finales NBA.
Pero los Knicks están al fin de vuelta en unas Finales después de tanto esperar, tanto como 27 años desde que aquel equipo de Patrick Ewing perdiera la serie por el título en 1999 ante los San Antonio Spurs de David Robinson y Tim Duncan.
En sus primeras Finales NBA del siglo tras deshacerse de Hawks, Sixers y Cavaliers, los Knicks por fin corresponden a su historia y al aura única de su ciudad y su casa, la emblemática Nueva York y el icónico Madison Square Garden. Jueguen contra los Thunder o los Spurs no son favoritos pero llegarán más descansados y liberados de toda presión una vez derribada la barrera de las Finales de Conferencia para intentar alcanzar su primer anillo desde 1973. Aunque nada como un anillo, la sequía de títulos terminó en diciembre con la Copa NBA ganada a los Spurs de Wembanyama.
Estas son las claves del éxito de los New York Knicks.

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Atrapados en el fracaso
Una larga travesía en el desierto
Para entender dónde están los Knicks, el júbilo del momento, hay que entender de dónde viene el conjunto neoyorquino, una oscura era repleta de sinsabores en la que la franquicia ha dado muchos palos de ciego mientras deambulaba sin rumbo: estrellas anunciadas a bombo y platillo que acabaron deslumbradas una tras otra por la razón que sea cuando más brillaban las luces en el Garden, entrenadores que han desfilado sin parar por un banquillo que ha sido más bien una silla eléctrica como también lo ha sido la butaca de los despachos con una sucesión de ejecutivos.
Con la entrada del nuevo siglo, los Knicks se convirtieron en un equipo intrascendente en la conversación por el anillo: tras las Finales de Conferencia del 2000, tardaron exactamente 25 años en volver a la antesala de las Finales NBA (2025).

Tras las Finales de 1999, el núcleo de los Patrick Ewing, Allan Houston, Latrell Sprewell, Kurt Thomas y compañía todavía llevó a las Finales de Conferencia de 2000 a unos Knicks que fueron cayendo en la irrelevancia. El adiós de Ewing en el verano del 2000 marcó el inicio de un abrupto declive con sólo dos apariciones en playoffs hasta 2010 con sendas eliminaciones en primera ronda.
Muchos han sido los héroes caídos en la causa por el camino. Ni David Lee -en los Knicks de 2005 a 2010-, ni Stephon Marbury (2004-2009), ni Jamal Crawford (2004-2008), pudieron hacer resurgir a los Knicks en esa primera década de los 2010. Tampoco en la segunda uno de los mejores anotadores de todos los tiempos, Carmelo Anthony (2011-2017), ni Amar’e Stoudemire (2010-2015) sin olvidar el breve pero intenso periodo de la Linsanity con Jeremy Lin (2011-2012).

Los 2010 testimoniaron también las calabazas de LeBron James para irse a Miami, la etapa de Kristaps Porzingis, un unicornio que no pudo ser salvador tras ser drafteado el 4 en 2015. Tema aparte es el mal ojo que tuvo la franquicia para detectar talento en el draft, eligiendo a bluffs como Jordan Hill, Frank Ntikilina o Kevin Knox y dejando pasar la oportunidad de elegir actuales súper estrellas actuales como el doble MVP Shai Gilgeous-Alexander o Donovan Michell.
En su larga travesía por el desierto, los Knicks también vieron pasar españoles con el ‘Chacho’ Rodríguez, Willy Hernangómez y José Manuel Calderón.
El número de entrenadores que han pasado desde la salida del técnico de aquellos últimos Knicks grandes –Jeff Van Gundy-, es un puro reflejo de ese negro periodo de inestabilidad con hasta 13 entrenadores en 20 años con nombres como Lenny Wilkens y Mike D’Antoni. El conjunto neoyorquino no dio con la tecla hasta 2020 con la contratación de Tom Thibodeau junto a Leon Rose como máximo responsable de decisiones de baloncesto tras el paso de siete ejecutivos diferentes, incluido Phil Jackson.

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Con él empezó todo
Tom Thibodeau
Jalen Brunson es la cara de la franquicia como indiscutible estrella pero no se puede pasar por alto que el que empezó poniendo la semilla en el desierto tras tan larga travesía fue Tom Thibodeau. Y más, en estos tiempos en los que parece que Mike Brown se lleva todas las flores en contraste con Thibs, ese terco técnico de la vieja escuela que ‘explotaba’ a sus jugadores.
Thibodeau fue despedido sin escrúpulos el año pasado para contratar a Brown tras la dolorosa eliminación en Finales de Conferencia ante los Indiana Pacers, visto Thibs por la cúpula de los Knicks como el que estaba poniendo el palo en las ruedas por cargar de minutos a los titulares, algunos de ellos cansados del veterano técnico al estar física y mentalmente agotados. El episodio más ilustrativo, los dos partidos seguidos enteros que se zampó Josh Hart en los playoffs de 2024.
Pero el técnico de ahora 68 años puso las bases del éxito actual, dotando a los Knicks de la identidad y la cultura que le había faltado por más de dos décadas. El ex de los Bulls construyó un roster a su imagen y semejanza, rodeando a Jalen Brunson de tipos duros dispuestos a ir a la guerra como OG Anunoby, Mikal Bridges y el mismo Hart en fascinante contraste con el glamour neoyorquino.
Hasta llegar al talentoso y profundo roster actual, los Knicks no estuvieron durante años entre los equipos más talentosos de la NBA pero se ganaron una fama de ser un equipo duro de roer. Tras siete temporadas sin playoffs, Thibodeau clasificó al conjunto neoyorquino para la postemporada hasta en cuatro de sus cinco años en el banquillo, llevando el año pasado al equipo a sus primeras Finales de Conferencia desde el 2000.
El veterano técnico, también reconocido por su don para desarrollar jugadores, fue también vital para convertir a Jalen Brunson de un notable jugador de rol a una estrella de primer orden. El propio Brunson estaba a todas todas con Thibs antes de su destitución.

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El ídolo inesperado
Jalen Brunson
🏀 Estadísticas playoffs: 27 pts, 3 reb, 6,6 ast, 48,6 FG%, 35 3P%
Nueva York no vio venir al anhelado ídolo del que tantos años llevaba huérfano. Y es que de hecho, cuando los Knicks trajeron a Jalen Brunson en 2022 para darle un suculento contrato de cuatro años y 104 millones el base era un notable jugador de rol pero no una estrella ni por asomo a sus ya casi 26 años.
Cómodo en la sombra de Doncic en Dallas como segundo de a bordo del esloveno hasta entonces, Brunson tuvo las agallas de independizarse para hacerse un nombre por sí mismo y lanzarse a la aventura de ser estrella, nada menos que bajo las luces del Madison Square Garden para erigirse en el salvador en la Catedral del Baloncesto.
Y el templo más sagrado del basket testimonio una conversión de jugador de rol a estrella de las más alucinantes que se hayan visto nunca, pasando de los 16 puntos que promediaba en Dallas a los 26 actuales.
Brunson tuvo que lidiar recién llegado con el ruido de fondo de nepotismo al ser su padre, el ex de los Knicks Rick Brunson, amigo íntimo del presidente de los Knicks, Leon Rose. Rick Brunson también se incorporó al equipo como entrenador asistente pero Jalen le ha acabado por dar la vuelta a la historia, de supuesto nepotismo a ser una segunda generación que aspira a hacer mejor incluso el negocio: su padre fue parte como jugador de aquellos Knicks de 1999 que jugaron las Finales y ahora él quiere ganarlas.
Jalen Brunson se ha hecho estrella en Manhattan a contracorriente, imponiendo su ley con sus escasos 1,88 y su menudo cuerpo en unos tiempos en los que ser base dominante demanda más estatura o, cuanto menos, una potencia atlética de la que carece el heterodoxo exterior. En su lugar, Brunson posee el probablemente mejor juego de pies de la NBA y se apoya en él para siempre tirar con equilibrio, engañar a los rivales y tirar en suspensión.
Astuto, el base llega al aro a menudo fintando y sorprende a veces con esos tiros a tabla relativamente lejos tan de baloncesto callejero: se curtió entrenando a pleno sol en parques bajo la batuta de su padre. Una preciosa historia padre-hijo que Brunson quiere culminar en el corazón de Nueva York.

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Una incisiva navaja suiza
OG Anunoby
🏀 Estadísticas playoffs: 19,7 pts, 7 reb, 2 ast, 58 FG%, 48 3P%
Pocos jugadores en la NBA hacen tanto como OG Anunoby y pocos están infravalorados con todo lo que hace el británico, el primero de la banda con la que Jalen Brunson ha llegado hasta las Finales.
Anunoby se convirtió en el primero en llegar a Nueva York de los cuatro jugadores que acompañan a Brunson hoy en el cinco inicial, traspasado por los Raptors a los Knicks en enero de 2023 por un pick de segunda ronda y RJ Barrett e Immanuel Quickley.
Parte de los Raptors campeones de 2019 con Marc Gasol y Serge Ibaka, el alero de 2,01 y 28 años -ala-pívot en estos Knicks-, es la definición de versatilidad en ambos lados de la pista, capaz de penetrar como buen slasher, tirar y también postear en ataque y de ser la pesadilla para cualquier jugador de cualquier tamaño en defensa.

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Nadie tan bregador como él
Josh Hart
🏀 Estadísticas playoffs: 11,4 pts, 8,6 pts, 4,6 ast, 44 FG%, 30 3P%
Por calidad, Josh Hart es probablemente el último que se nombra del quinteto titular de los Knicks pero es el primero que está dispuesto a ir a una guerra si hace falta, símbolo de esa identidad luchadora establecido por Thibs que conservan los Knicks.
El escolta de 1,96 y ahora 31 años fue adquirido de los Blazers en febrero de 2023 en un trato con cuatro equipos implicados -también Hornets y Sixers-, en el que los Knicks pagaron com Svi Mykhailiuk, Ryan Arcidiacono, Cam Reddish, un pick de primera ronda protegido y, lo más random, los derechos de Ante Tomic (a Portland).
Hart encarnó como pocos la filosofía de Thibodeau, jugando lo que hiciera falta en playoffs. El escolta, de esos soldados que hace lo que el equipo más necesita, hizo pagar a los Cavaliers en Finales de Conferencia su decisión de ignorarle para ganar un efectivo más en la defensa a Brunson.

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Un apuesta cara que lo está valiendo
Mikal Bridges
🏀 Estadísticas playoffs: 14,6 pts, 3 reb, 2,5 ast, 58,6 FG%, 34 3P%
En el verano de 2024, y tras llegar a Semifinales de Conferencia, los Knicks estaban en ese punto del proyecto en el que hay que empezar a arriesgar para dar un paso adelante.
En esas, el conjunto neoyorquino adquirió de sus vecinos Nets a Mikal Bridges por un precio demasiado alto a primera vista: Bojan Bogdanovic, Mamadi Diakite, Shake Milton y, lo que más escepticismo generó, un abundante precio de draft incluyendo cuatro picks de primera ronda no protegidos.
Parecía demasiado por un jugador de no tanto nombre, pero Bridges está demostrando valerlo como uno de los mejores cómplices que una estrella puede tener a su lado, un tipo sencillamente especial.
Los Knicks pagaron tanto por un todo incluido. Para empezar, al polivalente alero de 29 años y 1,98 le llaman Ironman por una razón y es no haberse perdido un solo partido en la NBA desde que fue drafteado en 2018.
Pero a la durabilidad le añade una extraordinaria versatilidad hasta el punto de poder ser tanto jugador de rol como estrella: aprendió a ser astro en los Suns de Devin Booker y Chris Paul para ponerlo en práctica en su paso por Brooklyn, pasando de promediar 17 puntos en Phoenix a 26 en los Nets la misma temporada 2022-2023, en la que fue parte del traspaso del conjunto de Arizona por Kevin Durant.
Bridges puede asumir las funciones de manejador en los Knicks en momentos dados para ayudar a Brunson, se puede crear sus propios tiros y posee un fiable tiro de media distancia. A todo ello le suma una valiosa capacidad defensiva para desquiciar a cualquier estrella.

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La pieza final
Karl-Anthony Towns
🏀 Estadísticas playoffs: 17 pts, 10,6 reb, 6 ast, 57 FG%, 49 3P%
En uno de los movimientos más sorprendentes de los últimos años, los Knicks agitaron la NBA a sólo dos semanas de empezar la temporada de 2024-2025 cuando adquirieron de los Minnesota Timberwolves a Karl-Anthony Towns en una operación en la que también intervinieron los Hornets.
El conjunto neoyorquino pagó con un puñado de jugadores, enviando sus activos más valiosos a unos Wolves que recibieron a Julius Randle, Donte DiVincenzo y también un futuro pick de primera ronda de draft de New York vía Pistons. El otro activo que recibieron los Knicks en el traspaso fueron los derechos del ya ex del Barça James Nnaji.
El conjunto neoyorquino necesitaba a un pívot multiusos como KAT para acabar de convertirse en un contendiente. El dominicano de 2,13 y de ahora 30 años cayó con muy buen pie en Nueva York gracias a su amplio rango de tiro y capacidad reboteadora y este año ha cobrado aún más importancia en los Knicks.
Towns ha mejorado defensivamente con un Mike Brown que, sobre todo, ha potenciado la habilidad de crear juego del interior. Entre esa facilidad para repartir pases, su tiro y sus penetraciones, KAT es hoy un pívot imparable que pone mucha presión a las defensas desde el perímetro además de hacerle la vida más fácil a Brunson en el pick and roll.

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Suplentes que cambian partidos como Robinson
Una plantilla amplia
Para llegar a las Finales -y más en estos tiempos actuales-, se requiere de profundidad y estos Knicks también la tienen. Ya la tenían el año pasado con una plantilla muy similar, pero Mike Brown la ha potenciado con su enfoque de repartir minutos, más de lo que lo hacía Thibodeau.
Y es que Brown mira hacia su banquillo y sólo ve jugadores que pueden cambiar partidos como Mitchell Robinson y su capacidad reboteadora o Jose Alvarado -adquirido en febrero-, con su intensidad y rapidez.
Jordan Clarkson -firmado en verano-, y Miles McBride han demostrado ser buenas opciones para suplir a Brunson en los minutos de descanso de la estrella, y Landry Shamet también ha tenido su peso en estos playoffs con su defensa sobre Donovan Mitchell.
Guerschon Yabusele parecía ser una buena idea pero el ex del Real Madrid fue traspasado a los Bulls tras ser incorporado como agente libre en verano.

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El artífice del paso final a las Finales
Mike Brown
Los Knicks pensaban que el actual roster había llegado a su límite con Tom Thibodeau y que el mismo entrenador que les había convertido en contendiente era el gran impedimento para dar el paso hacia las Finales con su testaruda política de cargar a los titulares de minutos.
Así que el conjunto neoyorquino se puso en manos de un Mike Brown al que se le venía encima un reto mayúsculo en el que ha demostrado su excelencia como entrenador. El dos veces mejor técnico de la NBA ha potenciado a estos Knicks como colectivo en todos los sentidos, aumentando su rotación para repartir los minutos pero también abogando por un baloncesto más coral en el que no tuviera tanto peso la calidad de Brunson.
La expansión del rol de Karl-Anthony Towns con su evolución hacia un creador con más presencia en la cabecera ha sido el santo y seña del dinámico estilo de Brown, con más cortes, más pase y más ritmo.
Josh Hart, encantado con jugar lo que fuera, ha reconocido recientemente que el descansar durante la temporada regular ha permitido a todos llegar más frescos a los playoffs, lo que a su vez ha sido clave para no separarse de ese baloncesto más rápido. El resultado de todo ello ha sido unos Knicks arrolladores que se han plantado a las Finales con 11 victorias seguidas, barriendo a Sixers (4-0) en Semifinales de Conferencia y a los Cavaliers (4-0) en Finales de Conferencia.
Pero Mike Brown también ha mejorado las prestaciones defensivas de Brunson y Towns en el pick and roll, lo que fue un gran problema el curso pasado en las Finales de Conferencia frente a los Pacers. El mentor de Jordi Fernández también supo gestionar la mala racha tras ganar la Copa para acabar tercero en la temporada regular. Brown ha sabido aprovechar también de alguna manera la resiliencia que inculcó a este grupo Thibodeau.
No obstante, y aunque ya en paz consigo mismos, los Knicks sólo saldarán del todo su deuda con su historia con el anillo, ese que ganaron en 1970 y en 1973 por última vez. La magia de Nueva York y la mística del Madison Square Garden se lo merecen.








