Maternar en prisión: 136 madres conviven en cárceles peruanas con sus 139 hijos

Muchas mujeres llegan a la cárcel por delitos menores o situaciones vinculadas a cargos agravados, como narcotráfico, y una gran parte de ellas sostiene familias. Actualmente, el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe) tiene a su cargo a 136 madres privadas de libertad que conviven al interior de los establecimientos penitenciarios con 139 niños: 70 varones y 69 mujeres. La mayor concentración corresponde a menores de un año.
Los establecimientos penitenciarios que albergan mayor cantidad de niños y niñas son el penal de Mujeres de Chorrillos y el penal de Mujeres de Trujillo.
Según el Inpe, del total de 5.571 internas, el 30% (1.673) son convivientes, el 59% (3.299) son solteras y el 6% (342) son casadas. Existen otras categorías con menor porcentaje, como separadas, divorciadas y viudas.
Aunque la legislación reconoce que la cárcel no es un espacio adecuado para ejercer la maternidad plena, en la práctica la designación de la prisión sigue sujeta a criterios penales, arbitrarios y de conciencia. Cuando se otorga, las condiciones de vulnerabilidad suelen agravarse, y dejan a las mujeres y a sus hijos e hijas con sus derechos vulnerados.
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Las trayectorias de las mujeres privadas de libertad están atravesadas por desigualdades sociales, económicas y violencia de género. En muchos casos, son ellas quienes, además del encierro, cargan con el cuidado de hijos e hijas por conformar familias monoparentales.
Pero, ¿cuál es la condición de maternidad de los niños y niñas en el sistema penitenciario?
De acuerdo con el Inpe, la violencia ejercida contra las mujeres en la vida cotidiana se traduce en poco apoyo durante la gestación y en el eventual abandono por parte de sus parejas al convertirse en madres.
Esto cobra especial relevancia al tratarse de mujeres que, por motivos multicausales, cometen un delito y deben ser privadas de su libertad en los centros penitenciarios, lo cual sugiere que se trata de un factor de riesgo presente en la comunidad reclusa.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos considera oportuno enfatizar la obligación de los Estados de brindar una atención especial a las mujeres privadas de libertad embarazadas y en lactancia durante su detención.
Asimismo, es deber del Estado proteger a las mujeres contra toda forma de discriminación y violencia, más aún cuando se encuentran bajo custodia estatal, razón por la cual deben estar separadas de los hombres y ser vigiladas por personal femenino.
Un posible efecto colateral de la privación de libertad de una mujer es que sus hijos o hijas menores de 3 años pueden pasar sus primeros años en un establecimiento penitenciario.
Esta situación debe ser abordada con sumo cuidado por el Estado y con el interés superior del niño presente.
SEIS CENTROS DE SALUD MENTAL
El médico psiquiatra Carlos Bromley sostiene que ya se han implementado seis centros de salud mental comunitarios en centros de reclusión para mujeres.
Señala que existen “situaciones de mucha vulnerabilidad previas al encarcelamiento de la madre, especialmente vinculadas a la pobreza”. Durante el encierro, además, se produce un fuerte “desmembramiento familiar”.

En este sentido, advierte: “Cuando el Estado castiga un delito o dicta una prisión preventiva o intramuros, esa pena también recae sobre sus hijos y su entorno”.
Explica que muchas mujeres llegan a la privación de la libertad impulsadas por la supervivencia, ante la falta de oportunidades y la necesidad de una respuesta económica.
En ese marco, numerosas mujeres debieron abandonar sus hogares porque quienes las violentaban permanecían allí. Sin red de apoyo ni recursos, llegar a delinquir “es mucho más fácil de lo que la gente cree, porque tiene que ver con sobrevivir”, destaca María Teresa Fernández, exinterna del penal Santa Mónica.
Esas experiencias evidencian que el establecimiento penitenciario no es un espacio adecuado para ejercer la maternidad plena, ni para el autocuidado de la madre ni para el cuidado del niño. Esta realidad expone una contradicción aún mayor cuando se contrasta con el marco legal vigente.
“No puede haber madres con hijos detenidos”, enfatiza Oti Rodríguez, otra exinterna que conmovió a su público tras su paso por 'La Voz Perú', al demostrar cómo superar el pasado tras cumplir condena por tráfico de armas y dedicarse al arte.
DÍA DE LA MADRE 2026
Este miércoles, el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe) conmemoró el Día de la Madre 2026 en el establecimiento penitenciario de Mujeres de Chorrillos, al destacar el valioso rol de las madres y la importante labor que desempeñan las servidoras penitenciarias en el proceso de resocialización y transformación de vidas.
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Uno de los momentos más conmovedores de la jornada fue el reencuentro de 130 internas con sus madres, quienes compartieron un espacio de cercanía, alegría y reflexión, fortalecieron vínculos familiares y reafirmaron la importancia del soporte afectivo en el proceso de reinserción social.
Asimismo, se reconoció la destacada labor de las servidoras penitenciarias Rogelia Solsol Montoya, Julia Requena Márquez y Natividad Berrocal Palomino por su compromiso, vocación de servicio y entrega diaria en favor del sistema penitenciario.

La directora del penal, Doris Nakandakari Saquia, resaltó que el Día de la Madre representa la fortaleza, el amor y el papel fundamental de la mujer dentro de la familia y la sociedad.
También se inauguraron los talleres de manualidades y pintura, espacios orientados al fortalecimiento de habilidades, la creatividad y la generación de nuevas oportunidades para las internas. El taller de pintura cuenta con el apoyo voluntario del promotor artístico Enrico Rigosa, quien capacita a 10 internas en distintas técnicas artísticas.








