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Memorias de una chaqueta verde (I)

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Treinta aos han pasado de aquella victoria de 1994. Y, reflexionando, me he pasado ms de media vida profesional en el Augusta National, el campo que ms he jugado en mi carrera, donde me siento un privilegiado y donde estar hasta que el juego acompae.

Son muchos los recuerdos que surgen de mi primera victoria en el Masters. Y algunos resultan chocantes para quienes los escuchan, pero es la pura realidad.

Llegu en un buen momento al torneo. Con mucha confianza. Acababa de ser segundo en el Freeport McMoran Classic, el torneo de Nueva Orleans, a tres golpes de Ben Crenshaw -al que casualmente investira como ganador de su segundo Masters al ao siguiente- y le vena pegando muy bien a la bola, tnica que sigui los das de prcticas.

Pero el primer da no salieron bien las cosas. Y firm 74 golpes, dos sobre par. Hasta el hoyo 15 no haba hecho un solo birdie. El lder tir 68. Tena un cabreo importante porque vea que el juego estaba ordenado y esperaba un mejor comienzo. Ya se sabe que en el Masters con ese resultado el primer da no pierdes el torneo, pero bueno… [N.d.la R: slo un ganador, Craig Stadler (75) en 1982 hizo una peor primera vuelta)

Normalmente, suelo ir a dar unas bolas para quitar la tensin despus de jugar. Pero recuerdo que ese jueves cog a Maite (Menta) y a Sergio (Gmez, su fallecido apoderado) y les dije:»Ni patear, ni nada. Esto es una m…. y nos vamos a casa».

Olazbal recibe el MARCA LeyendaMarca.com

El viernes fue totalmente distinto. Las cosas salieron y tir 67 golpes, sin bogeys, lo que me permiti escalar hasta la quinta plaza, a dos de Larry Mize, que segua como lder. En todas las ediciones que haba jugado a este ese momento, nunca haba visto dos primeros das con banderas tan complicadas, la verdad.

Dos momentos especiales

El sbado fue otro da sper productivo. Recuerdo el eagle del hoyo 8 y estar de lder hasta que Tom Lehman se puso por delante despus de que me fuera al agua en el 13. Tir 69 golpes, creo recordar, y me qued a uno de l para salir el domingo juntos a jugar el ltimo partido.

De ese domingo, hay dos cosas que fueron especiales. Una la he contado muchas veces. Fue el mensaje que me dej Seve en la taquilla con lo de ‘Vamos Fuenterraba’ y en el que me deca que confiase en m, que tuviera paciencia, que tena el juego suficiente y que nimo y hacia arriba.

Olazbal, mucho ms que un golfista

El otro fue antes de salir. Llegamos con bastante tiempo al campo y como an faltaba mucho tiempo para salir. Sergio y yo nos sentamos en el banco que est a la izquierda de la puerta del bar de la casa club y que da a un pasillo por el que pasaban desde el antiguo campo de prcticas al tee del hoyo 1 todos los jugadores. Estuvimos un buen rato sentados, dira que como 40 minutos. E bamos viendo salir los grupos en silencio. Sin dirigirnos una palabra. Cuando lleg Tom Watson para salir, recuerdo que le dije:»Joder, Sergio. Esto es una pasada. Mira quin le est pegando a la bola [Watson gan ocho grandes] y nosotros salimos en el ltimo partido». Lo pienso y vuelvo a disfrutar de este momento.

Cuando visualizas que ganas un grande, siempre te lo imaginas como un momento de jbilo, de enorme alegra, pero a m me ocurri todo lo contrario

Luego en el campo, la cosa fue muy ajustada con Lehman en todo momento. En el Amen Crner me puse lder en soltario y luego hubo un momento fundamental, clave en el hoyo 15. Los dos tiramos a green con el segundo golpe. Yo pegu primero y estaba muy contento con mi hierro 5 , pero Tom dio un golpe extraordinario a dos metros del hoyo. Mi bola se habra quedado como a 15 metros… Y met un canuto para eagle muy bueno, la verdad.

l tambin tir muy bien el putt, pero toc el borde del hoyo y no entr. Ah me puse con dos golpes de ventaja y ese momento fue crucial. Porque quedaban tres hoyos y aunque quedaba mucho bacalao por cortar, la ventaja ya era importante. Cuando pegu el golpe de salida en el hoyo 18, que es un tiro complicado porque es muy estrecho, y la puse en la calle pens: «Muy mal lo tienes que hacer para perder los dos golpes de ventaja».

Cuando visualizas que ganas un grande, siempre te lo imaginas como un momento de jbilo, de enorme alegra, pero a m me ocurri todo lo contrario. Meti el putt del 18, cerr el puo y pens «por fin lo has conseguido». Pero la sensacin era ms de alivio que de jbilo. De hecho, cuando Langer me puso la chaqueta, pas por prensa y eso, en aquella poca se haca una cena con los socios del club con el ganador, y despus de cenar cogi el coche para ir a la casa que tenamos alquilada.

Aparqu, era una noche estrellada, y me sent en el cap del coch a mirar las estrellas. Me senta plano. Dentro de la casa vea que haba un montn de gente esperndome, pero yo estaba a lo mo. Pensando: «Acabo de ganar el Masters, que era la ilusin de mi vida, y no siento ninguna alegra de esas inmensas.

Entonces, por casualidad, sali Sergio de la casa.

-«Qu haces ah?», me pregunt.

Le dije lo que me pasaba. Que acababa de cumplir el sueo de mi vida y que estaba plano, que no era la alegra inmensa que yo siempre haba imaginado. «T ests gil….? Que acabas de ganar el Masters!», me contest. Ynos echamos a rer. l

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