<
>

«No tienes mal carácter, sino años de saturación acumulada»


La experta en gestión del enfado y en comunicación consciente Sonia Díaz Rois advierte de que muchas personas se creen que ‘tienen mal carácter’, pero que la realidad no tiene nada que ver con su personalidad. En la mayoría de los casos, esas personas viven «enfadadas sin darse cuenta» y confunden la acumulación de emociones negativas con un rasgo más de su manera de ser.

«No explotamos por una tontería. Explotamos por esas cien cosas pequeñas que hemos ido dejando pasar durante demasiado tiempo«, explica la coach emocional. «No todas las personas que se enfadan gritan, discuten o pierden los nervios constantemente. Muchas veces el enfado se refleja en las quejas constantes, en la irritabilidad, en tener poca paciencia o en esa sensación permanente de que todo nos molesta».

Muchas personas pueden pasarse años viviendo enfadadas sin identificar realmente lo que les ocurre

Sonia Díaz Rois

Experta en gestión del enfado

El problema está en que es mucho más habitual y se ha normalizado más hablar de mal carácter, cansancio, estrés o falta de paciencia que reconocer directamente un enfado, señala Díaz Rois. «Si no nos damos cuenta de que estamos enfadados, no podemos entender qué nos pasa ni qué hacer con eso, y es así como muchas personas pueden pasarse años viviendo enfadadas sin identificar realmente lo que les ocurre», añade la experta.

«Muchas personas creen que reaccionan ‘explotando’ porque son así, cuando lo que ocurre es que llevan demasiado tiempo acumulando tensión, exigencia, cansancio o frustración», asegura Díaz Rois. Pero, en la mayoría de los casos, «no es que seas así, es que llevas demasiado tiempo viviendo de un modo concreto».

Sonia Díaz Rois:
Sonia Díaz Rois: «Muchas personas creen que tienen mal carácter y lo que tienen es saturación»Cedida

¿Por qué sucede y en qué personas es más habitual?

Cuando una persona se repite a sí misma durante años que tiene mal carácter, acaba reforzando esa etiqueta sin cuestionársela. «Necesitamos dejar de pensar que somos así y punto, porque no somos ni una etiqueta ni un adjetivo», afirma la mentora.

La forma en la que hemos aprendido a relacionarnos con el conflicto también influye, añade. «Algunas personas han crecido en entornos donde el enfado solo aparecía gritando y otras donde directamente no se podía expresar, y eso hace que muchas veces el enfado aparezca disfrazado de ironía, distancia, control, silencio o comentarios cargados de tensión», explica.

«No escuchamos al enfado cuando nos habla flojito, sino que nos esperamos a que grite para prestarle atención», se lamenta Díaz Rois. «Eso hace que vayamos acumulando hasta que sale con más intensidad y menos claridad», asegura, ya que «cuando el enfado se reprime, se minimiza o se intenta evitar, acaba haciendo poso dentro».

Así es como muchas personas pasan años «tragando cosas pequeñas, adaptándose y callándose para no molestar», hasta que un día reaccionan «por una tontería con una intensidad que ni ellas mismas entienden». La causa no suele ser solo eso que acaba de ocurrir, sino «todo lo que llevas tiempo tragando, acumulando y dejando pasar».

Para Díaz Rois, aprender a reconocer el enfado antes de explotar ayuda a responder con más claridad, menos culpa y más consciencia. «Aprender a poner límites a tiempo nos salva de llegar a nuestro propio límite«, sentencia.



Etiquetas
Siguiente

Deja tu comentario