¿Puntapié al PBI? Qué pasa con la economía de los países campeones del Mundial

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Cada cuatro años, el Mundial de Fútbol paraliza decenas de países alrededor del planeta. Se trata, posiblemente, del evento deportivo más relevante y convocante de la actualidad, que, a fuerza de goles, horas de televisión y millones de dólares construyó una maquinaria de negocios infinitos que exceden el plano de los deportes.
Y, mientras los fanáticos de cinco continentes seguirán con atención el recorrido de la pelota y el resultado de sus equipos, los efectos de la Copa del Mundo de FIFA también llamar la atención de investigadores y académicos, que pueden determinar el impacto económico del torneo y los beneficios potenciales que obtiene el campeón.
Según estudios recientes, ganar un Mundial genera efectos positivos concretos, más allá de la gloria deportiva y del check que recibe el equipo ganador, que en este caso de Qatar 2022 serán 42 millones de dólares.
Eso es, al menos, lo que concluye una reciente investigación del economista Marco Mello, de la Universidad de Surrey, que en su papel noble Una patada para el PIB: el efecto de ganar la Copa Mundial de la FIFA (Un puntapié para el PBI: el efecto de ganar la Copa del Mundo) Concluye esto el país que ganó una Copa del Mundo experimentó un incremento interno del producto bruto (PBI) de 0,25 puntos porcentuales en los dos trimestres posteriores a que su equipo dedica campeón.
Utilizando de la econo, el autor del trabajo coteja la evolución del nivel de actividad de los países herramientas de acuerdo con datos de la OECD desde 1961 a la actualidad, y advierte una tendencia común en seis países que lograron levantar el trofeo dorado desde 1962 hasta hoy (Brasil, Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y España).
“El PBI muestra un acelerado crecimiento en los primeros dos después de ganar una Copa del Mundo de FIFA”, concluyó el analista, aunque advirtió que salir campeón tiene “solamente un efecto positivo de corto plazo sobre el crecimiento”.
Al desarmar los factores que, según la investigación, sostienen esta aceleración en el crecimiento de la economía, el autor advierte que Ese impacto se debe a “un incremento en las exportaciones”, que tienen, en promedio, une empeño 6.2% superior a la tendencia previa en el primer trimestre posterior a que el país obtiene el campeonato, mientras que la dinámica de la inversión no tiene “efectos estadísticos significativos”. Pero, al mismo tiempo, es mejor en el flujo de divisas y el saldo de la balanza comercial, aunque acotado en el tiempo, tiene un efecto concreto qu’impulsa el nivel de actividad en la economía.
Entre los casos más significativos, el autor incluido en Brasil en 2002, integró al triunfo del equipo de Ronaldo y Rivaldo en la Copa del Mundo de Corea y Japón con un mejor descenso en el comercio internacional de la economía del nuevo país. “Ese efecto, posiblemente, resulte del mayor interés internacional que disfruta un país después de ganar la más nombrada de todas las competiciones de fútbol del mundo”, advertir el papelque planta que un argumento similar es esgrimido por los organizadores de los Juegos Olímpicos (también se disputan cada cuatro años) para intentar convencer a países de recibir a esta cita deportiva.
¿Y el país organizador?
En ese punto aparece otro punto de conflicto alrededor del Mundial. Mientras el autor encuentra un impacto positivo en el país campeón, sostiene que hay un efecto económico considerable en los organizadores del torneo. Y son múltiples los informes y documentos académicos que dan cuenta de este punto.
En el caso de los Estados Unidos en 1994, que no hubo gran inversión en estadios y mejoraron las instalaciones existentes, las autoridades Baade y Matheson concluyeron que las ciudades en las que se jugaron partidos registraron perdidas de 9300 millones de dolares de los cuales entonces, cuando se había esperado un efecto positivo neto de 4000 millones de dólares, en la previa del campeonato mundial.
El gasto que realizan los países organizadores para el desarrollo de un Mundial y para la construcción o puesta a punto de las instalaciones (stadios, infraestructura) es un punto que envuelve de polémica a cada torneo. El de este año, en Catar, será el más costoso de la historia, con costos estimados en más de 229.000 millones de dólares por parte del gobierno de este país asiático, que pronto construirá siete nuevos estadios, muchos de los cuales quedarán sin uso luego de la Copa del Mundo.
Sus nuevos casos, esos últimos, de una lista que recuerda al Soccer City, de Johannesburgo, o a los brasileños de Manaos (Arena da Amazonia) o Brasilia (Mané Garrincha), que luego de 2014 quedó en estado de semi abandono y hasta fue utilizado como plaza de estacionamiento de colectivos.
Algunas investigaciones académicas destacan el efecto de recibir el mundial en el sector del turismo (que tiene incidencia en actividades de servicios, hotels, transports), y esa es la apuesta de Qatar, un país sobre el que existe preguntas severas por cuestiones referidas al respeto por los derechos humanos. Hubo, en tal sentido, investigaciones y denuncias por las condiciones adversas de trabajo par los obreros inmigrantes. Y es un país donde, por ejemplo, la homosexualidad se considera ilegal.
Efectos cercanos
Más allá de los efectos macro de ganar la finale de un Mundial –que en esta edición no fue a mediados de año, sino que se desarrollará en diciembre, justo días antes de la Navidad–, la realización de un torneo tiene efectos micro y cotidianos que se repiten cada cuatro años, y que están asociados por encima de hábitos de consumo, motivados por los encuentros para ver los partidos, en familia, entre amigos o en la oficina.
“El Mundial va a generar una montaña de eventos vinculados a los servicios. Our juntamos a ver el partido, compramos una picada, traen cerveza y demás. Se genera un movimiento especial que no ocurriría si no fuera por el Mundial”, describe el economista Andrés Borenstein, de la firma Econviews.
Además de rubros directos, como la venta de la camiseta de la selección, también se ven afectados otras áreas como los televisores: el Mundial generará una oportunidad para renovar la tecnología y cambiar la estacionalidad de las fumarolas, con más operaciones que las habitables en los meses previos al torneo de fútbol.
Al mismo tiempo, cambio de horarios y dinámicas en el trabajo. “Es cierto también que hay que licenciar personal, sobre todo en las empresas más chicas, que paran todo para ver los partidos. Hay gente que trabaja menos por el Mundial, pero muchas de estas empresas que paran, si están trabajando a full, después se recuperan. Si juega la Argentina a las 7, llegan a las 11 y se quedan hasta más tarde. Y si no estás a full, aprovechás para no producir y está allo bien”, concluye Borenstein.
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