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«Si alguien desea buena salud, primero debe preguntarse si está dispuesto a eliminar las causas de su enfermedad»

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Es imposible entender nuestra realidad actual sin la influencia de las civilizaciones clásicas. La Antigua Grecia sentó las bases de la cultura, la ciencia y la filosofía occidental, así que vale la pena recordar a los profesionales del pasado.

Hipócrates es considerado como uno de los padres de la medicina al significar un antes y un después en la materia. Su labor fue muy importante al ser uno de los primeros en separar la medicina de la superstición. En esa época en la que todos los aspectos de la realidad tenían una explicación mitológica, se veían las enfermedades como castigos divinos.

Ilustración de un busto de Hipócrates
Ilustración de un busto de HipócratesUniversal History Archive/Univer

El médico nació en el 460 a.C. y vivió 70 años, en los que trabajó para que la sociedad entendiera que las enfermedades tienen explicación natural. Observaba a los pacientes desde una mirada clínica y dejó numerosos escritos entre los que destacan ‘Sobre la enfermedad sagrada’ y el ‘Juramento hipocrático’.

De hecho, podríamos asegurar que Hipócrates fue el primer ‘experto en bienestar’, pues le dio importancia a los hábitos de vida para lograr mayor longevidad y salud. Trató de divulgar todos sus conocimientos durante sus viajes y a sus discípulos, pero hay una frase que pronunció que destaca por delante de todas las demás: «Si alguien desea buena salud, primero debe preguntarse si está dispuesto a eliminar las causas de su enfermedad».

Busto de Hipócrates
Busto de HipócratesDe Agostini via Getty Images

Esta cita refleja a la perfección el pensamiento hipocrático. El médico griego creía con firmeza que la nutrición, el sueño, el clima, el agua que se bebe, el ejercicio y las costumbres tenían mucho que ver con el desarrollo de las enfermedades, y la sociedad griega le respetó ante sus conocimientos.

Se le criticó en círculos muy religiosos al rechazar algunos aspectos de la mitología clásica, pero uno de sus mayores logros fue el de dar con una explicación a la «enfermedad sagrada»: la epilepsia.

Al tener síntomas tan asombrosos como las convulsiones o la pérdida de conocimiento temporal, los clásicos veían claramente una forma de posesión sobrenatural y actuación de los dioses sobre la persona. No obstante, Hipócrates concluyó que la causa era natural y que los patrones coincidían con explicaciones físicas y totalmente naturales.



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