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una mudanza, cerámica y triples sesiones



Jamás una lesión fue más oportuna. El pasado 30 de noviembre se paró el corazón de todos los aficionados y las aficionadas del FC Barcelona al leer en los medios que la mejor jugadora del mundo, Aitana Bonmati, había sufrido una lesión de gravedad durante un entrenamiento con la selección española de fútbol. Los primeros pronósticos no eran nada buenos y poco después se confirmó que la crack tenía que pasar por el quirófano para solventar una fractura transidemal del peroné de su tobillo izquierdo. Por delante, cinco largos meses hasta volver a hacer lo que más le gusta, jugar al fútbol, algo que para el 99% de los y las futbolistas es la peor de las noticias, pero que para Aitana, sin ella saberlo en ese momento, era quizá lo mejor que le podía pasar, y lo que su cuerpo y su cabeza necesitaba.

Ahora, a las puertas de volver a sentirse futbolistas sobre un terreno de juego, cinco meses después y viendo el camino recorrido, Aitana se siente mejor. Mejor a nivel físico y a nivel mental, y lo que es más importante reconectada de nuevo con ella misma. La propia futbolista confesó en una publicación en Instagram justo después de ser operada que esa lesión llegaba en un momento en que quizá le tocaba parar, porque había cosas que no estaban muy ordenadas en ella. “Ahora es momento de regenerarme físicamente y mentalmente”, dijo, añadiendo que “hay factores que me estaban impidiendo disfrutar de la profesión y del día a día”. Comentó que “sentía que era el momento de poner el freno, y me lo planteé, pero no lo hice y la vida me ha parado de golpe”. Aitana visibilizó un problema que afecta a millones de personas en el mundo, el de la salud mental, el de parar, porque la necesidad de parar a tiempo es muy importante y en el caso de la de Ribes le llegó por obligación, por una lesión, ya que el deporte de élite, y más cuando eres la mejor jugadora del mundo, no te deja elegir cuando paras de forma voluntaria.

Un cumpleaños muy especial

En todo este tiempo hemos visto una Aitana muy casera, apoyándose en los suyos, aprovechando, al tiempo que se recuperaba, para hacer todo lo que la profesión futbolística no permite a quienes la ejercen. Ir de forma casi continuada a los partidos del masculino en el Spotify Camp Nou, y por supuesto a los de sus compañeras. Ir a cenar a un restaurante con amigas o hacer una escapada a la montaña un fin de semana. Estas son muchas de las cosas que le hemos visto hacer a Aitana, pero también, incluso a nivel de redes sociales, hemos visto una Aitana mucho más cercana, una Aitana mostrando al mundo, que, pese a ser la mejor futbolista, es una más como cada uno y cada una que la sigue. No ha hecho viajes excéntricos o lujosos al otro lado del mundo, le ha valido con la tranquilidad y la paz de La Cerdanya, o el viento siempre reparador de l’Empordà, y por supuesto, los eternos cafés en la plaza de su pueblo Ribes, con sus amigos. La hemos visto en la playa y en la montaña, sola y acompañada, en el ruido de un concierto de Oques Grasses o en la paz de un taller de cerámica. Aitana ha tenido siempre el apoyo incondicional de su familia, de los suyos, con quienes por fin pudo celebrar su cumpleaños, 28, como hacía tiempo que no lo hacía, y en especial de su equipo de trabajo, con Cristian Martín e Ignasi Cardó al frente, que han estado ahí siempre que lo ha requerido.

Y ahora está preparada para una recta final de temporada muy prometedora, con la Champions League y la Copa de la Reina en juego. El talento y la calidad no se pierden, y una vez vuelva al campo, volveremos a ver esa futbolista diferencial e inigualable, pero también veremos a una Aitana cuyo aspecto más reforzado tras este periodo es el mental y una Aitana cuyo rostro vuelve a brillar como hacía tiempo que no lo hacía



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