«Yo jamás he pegado un grito en mi cocina. Si tengo que repetir algo 30 veces, lo hago. Pero si me doy cuenta de que no lo haces por pereza, tenemos un problema»

Hace apenas unos días, el jefe de cocina del ABaC, restaurante con estrellas Michelín, y jurado de ‘Masterchef’, Jordi Cruz, era el invitado del podcast de ‘B3tter’. En dicho programa, el chef catalán tocaba su lado más íntimo. Y eso incluye, por supuesto, la huella que deja en su trabajo, lo que hace para intentar que la rueda gire.
Preguntado por la gestión de su equipo, el chef reflexionaba y compartía su filosofía de trabajo. «Creo que vamos cumpliendo roles y somos piezas de ciertos tableros, de ciertas maquinarias que tienen como objetivo producir cosas que tienen que ser buenas para la sociedad. Y, si no lo son, se van a tomar por saco», comentaba al principio.

«Creo que, en mi caso, yo siempre he sido motor. Estaba ahí, currando de base, pelando patatas, limpiando cazos, pelando gambas y de ahí para arriba, queriendo hacer cosas nuevas. Y a medido que he ido perdiendo esa energía bestia y mecánica tan potente, ha ido transformándose en otra cosa, que es capacidad de gestión, capacidad de análisis, capacidad de desarrollar platos singulares«, exponía el chef en el podcast.
«Y en paralelo, también, crear una carcasa, una imagen, un paraguas que permite tener algo muy definido y que la gente que quiere hacer eso mismo, vean ese faro y digan ‘ahí quiero estar yo’. Y se ha ido sumando gente que viene haciendo lo mismo de base, que es aprender con energía mecánica, y yo les doy todas las posibilidades para que puedan desarrollar todo su potencial«, explicaba.
«Cero egos. Solo les pido motivación, estar motivados, querer hacer y querer sumar. Y, calidad de vida, toda la posible. Que hagan sus 8 horas, que cobren el mayor sueldo posible y estén el máximo de bien. Porque tú no puedes cocinar bien sin amor, sin cariño. No puedes. Tú no puedes exigir a tu gente que haga un plato precioso cuando les tratas a patadas«, recalcaba Cruz.
«Yo jamás he pegado un grito en mi cocina. Yo tengo una capacidad para meter miradas de decepción fantásticas. Y, si tengo que repetir algo 30 veces, yo lo hago. Ahora, en el momento que yo me doy cuenta que no lo estás haciendo por pereza, por desidia, ahí ya tenemos un problema«, diferenciaba claramente el cocinero catalán.

«No estamos enfocados igual. No, no me aportas, no vamos bien. Después, esas piezas caen solas, porque tenemos una familia donde yo jamás he echado a nadie en mi restaurante. Pero hay gente que dice ‘mira, aquí funcionáis así, sois una familia que todos vais a una y quizá mi forma de pensar no es la misma y quizá aquí no pinto nada’. Esas piezas caen solas»








